El base cordobés de la Asociación Atlética Quimsa, Diego Figueredo, pasó por los micrófonos de El Deportivo en Radio LV11 y analizó el presente del equipo santiagueño tras una racha histórica de diez victorias consecutivas que los catapultó a los primeros puestos.
Tras quedar fuera de la Liga Sudamericana por un margen mínimo, el plantel debió mirarse hacia adentro. Figueredo fue sincero sobre aquel momento crítico:
"Estábamos muy golpeados porque no cumplimos el objetivo de la Liga Sudamericana de una forma absurda, por un punto de diferencia. Un equipo y un club como Quimsa tiene pretensiones altas, y cuando no te ves ahí arriba, uno empieza a dudar de sus propias cualidades".
El jugador resaltó que la clave fue alinear las expectativas con el trabajo diario: "Nuestras expectativas estaban muy separadas de nuestra realidad, y eso provocaba un sube y baja de emociones. Tanto con 'Lato' [Santillán] como con Victoriano, cambió nuestra cabeza. Simplemente nos convencimos de que lo podemos hacer".
Sobre la llegada del nuevo entrenador, el base destacó la empatía que genera el haber sido jugador: "Lucas es muy empático. Tiene la ventaja de haber jugado muchos años y de base, una posición donde entiende mucho el juego. Nos dio libertad para potenciar lo que hacemos bien, pero con un orden; que no sea todo improvisado".
También se refirió a la profundidad del banco de suplentes, una de las mayores armas de Quimsa:
"Nos costó entenderlo. Todos veníamos de ser protagonistas en otros equipos la temporada pasada y de jugar muchos minutos. Hubo un proceso de entender cómo se juega en un equipo que pretende salir campeón. Hoy tenemos 10 o 12 jugadores que pueden jugar; los minutos son pocos, pero la calidad tiene que ser mayor".
El "baldazo de agua fría" antes de los Playoffs
A pesar de la histórica racha de diez triunfos, las recientes caídas ante Olímpico y Ferro sirvieron como señal de alerta. Figueredo prefiere ver el vaso medio lleno:
"Ganar diez partidos seguidos un poco te relaja, te ves primero y decís 'estoy donde quiero estar'. Lo positivo es que nos pasó antes de los playoffs y fue un baldazo de agua fría. Perder nos dio un golpe de realidad: todavía no somos primeros ni campeones, tenemos que seguir enfocados".
De cara a los últimos compromisos, incluyendo la gira por Córdoba contra Instituto, Atenas e Independiente de Oliva, el base no ocultó la dificultad del escenario:
"Tenemos cuatro partidos durísimos donde podemos quedar segundos o séptimos. Estar entre los cuatro primeros te evita un problema porque la liga está muy pareja, cualquiera le gana a cualquiera. Ningún equipo de la liga nos va a querer enfrentar, pero es vital no recibir 50 puntos en un tiempo, porque así se hace difícil competir en playoffs".
Uno de los puntos más reveladores fue la naturalidad con la que el plantel de Quimsa comenzó a gestionar la presión de ser candidatos. El base cordobés explicó que hubo un quiebre cultural en el vestuario con la llegada de Lucas Victoriano.
Tradicionalmente, el ambiente del deporte suele ser cauteloso, evitando declaraciones grandilocuentes por temor a la "mufa" o a sonar soberbios. Sin embargo, Figueredo fue claro al respecto:
"Lo hablamos todos los días y llegamos al club a entrenar con esa mentalidad. Creo que fue algo que cambió desde la llegada de Lucas: lo pusimos en palabras. Los jugadores solemos decir 'che, no lo digamos, mirá si nos quemamos', pero él vino con otra impronta".
Según el base, el entrenador fue el motor de este cambio de paradigma, empoderando a los jugadores desde su propia jerarquía. "Lucas nos dijo: 'Ustedes tienen todo si quieren ser campeones, después se puede dar o no, pero tienen las herramientas y la capacidad para hacerlo', a partir de ahí, vamos a entrenar para buscarlo. Se rompió esa hegemonía del silencio. Yo quiero jugar la final y quiero tenerlo claro".
Además, esta seguridad interna se tradujo rápidamente en los resultados y en cómo los demás equipos perciben a la "Fusión". Figueredo reconoció que esa confianza se siente en la cancha:
"Hoy nos miran con otros ojos. Antes estábamos en el limbo, pero hoy estamos ahí arriba. Ningún equipo de la liga nos va a querer enfrentar en los playoffs porque ya demostramos que somos un equipo peligroso y que le podemos ganar a cualquiera".
Para el cordobés, el sueño del título no es una expresión de deseo vacía, sino una construcción diaria que nace en la complicidad del grupo: "Hoy lo estamos disfrutando de nuevo. Hay sonrisas, hay chistes y hay complicidad. Y cuando un equipo disfruta el día a día, es mucho más difícil de vencer".