Ayer, durante una charla eñcon el podcaster Benny Johnson, Vance fue consultado sobre la orden ejecutiva de Donald Trump para que las agencias federales identifiquen y divulguen información sobre fenómenos aéreos no identificados. "No he podido dedicarle suficiente tiempo para entenderlo, pero lo voy a hacer, confíen en mí. Estoy obsesionado con esto", afirmó el vicepresidente, quien tiene por delante tres años de gestión para desclasificar dichos documentos.
La declaración más controvertida llegó al definir la naturaleza de estos fenómenos. Bajo una perspectiva que describió como una comprensión cristiana, Vance señaló: "No creo que sean extraterrestres. Creo que son demonios". Los describió como "seres celestiales que vuelan por ahí y hacen cosas raras a la gente", alejándose de la hipótesis tecnológica o biológica tradicional.
El cruce con los antecedentes de Obama
El interés por los ovnis en la Casa Blanca ha escalado en este 2026. En febrero pasado, Trump ordenó a su secretario de Guerra, Pete Hegseth, iniciar el proceso de desclasificación basado en el "enorme interés" público. Esta decisión reabrió un debate que tuvo a Barack Obama como protagonista semanas atrás, cuando el exmandatario declaró que los extraterrestres eran "reales", aunque negó su existencia en el Área 51.
Tras los dichos de Obama, Donald Trump lo acusó de filtrar "información clasificada", algo que, según el actual presidente, el demócrata no debía hacer. Este cruce de declaraciones entre mandatarios y exmandatarios ha reavivado las teorías conspirativas y la preocupación por el uso de tecnologías avanzadas por parte de potencias extranjeras.
La postura oficial del Pentágono
Pese al entusiasmo de Vance, los informes técnicos mantienen la cautela. En marzo de 2024, el Pentágono publicó un documento donde afirmaba no tener pruebas de que los fenómenos observados fueran tecnología alienígena. Según el Departamento de Defensa, la mayoría de los objetos reportados resultaron ser globos meteorológicos, aviones espía o satélites de última generación.
Sin embargo, la promesa de Vance de "llegar al fondo de los archivos" sugiere que la administración actual sospecha que hay información que aún no ha salido a la luz, manteniendo el tema en la cima de la agenda política de Washington y generando una fuerte expectativa sobre qué revelarán los documentos que Trump ordenó liberar.