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La Argentina se desangra día a día y duele

02/04/2026

Millones de familias transitan día a día agarrados de una esperanza cada vez más chica. Las promesas no alcanzan frente a la realidad.

Todos las semanas suben insumos basicos en cualquier fmailia como lo son naftas que permiten a los trabajadores movilizarse y cuestiones mas importantes aun como bienes de conusmo diario, que integran la canasta basica.

En el marco de una situación a la que el Gobierno Nacional responde con promesas de inflación 0 que se postergan mes a mes.

Es evidente que la economía argentina atravisa un momento de tensión entre las proyecciones del Gobierno y la realidad de los bolsillos.

A pesar de las reiteradas promesas de Javier Milei, quien aseguró en diversas ocasiones que para mediados de 2026 la inflación "sería de cero coma algo" o convergería directamente a cero.

Sin embargo, los datos actuales muestran un escenario persistente de aumentos, lejos de esas previosiones oficiales que suenan más a promesas de campaña que se hicieron añicos mientras avanzaba el Gobierno liberal.

La inflación de febrero según el Indec fue de un 2,9% mensual.

Analistas del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) estiman que el índice se ubicará entre el 2.5% y el 3% para marzo.

Mientras el presupuesto oficial proyectaba un 10,1% para 2026, el mercado ya ajustó sus previsiones hacia un 26,1% para el cierre del año.

Ante la evidencia de que el "cero" es esquivo, el Gobierno ha comenzado a matizar el discurso, sugiriendo ahora que para agosto de 2026 la cifra "empezará con cero" (es decir, menos del 1%).

Mientras tanto, la brecha entre la promesa de campaña y el ticket del supermercado sigue siendo el principal desafío para mantener la gobernabilidad o al menos el discurso oficial a flote y el bienestar social en la Argentina.

Esto no son solamente números fríos, incorporados a un Excel en el que todo parece sacado de la sala de un matemático al que solo le importa dar un porcentaje como si se tratara de un CEO de una compañía.

En realidad, el que suba la nafta, el pan, la carne y el porcentaje en el que lo hace, le pega a diario en la vida y el bolsillo de millones de argentinos que transitan sus días agarrados de una esperanza cada vez más chica, porque todos los días la realidad los arroja contra la pared.

Y les dice, esperen, esperensigan esperando, ya vendrán tiempos mejores.

Mientras en la Argentina de quienes nos gobiernan, aquella que baja línea respecto a la vida de los demás, la que define por dónde ir, en qué gastar, en esa, se habla de si Adorni, que tan bien hacía sus defensas públicas del modelo liberal, aunque ahora no puede defenderse a sí mismo por las acusaciones de haber comprado un departamento.

En Caballito por 230 mil dólares, a dos semanas de haber asumido como jefe de Gabinete. En esa Argentina todavía queda por resolver el caso Cripto$ Gate, que involucra al presidente Javier Milei, o la causa de las coimas en la ex Andis, que tiene como una de sus principales acusadas a Karina Milei.

Volviendo a los "argentinos de pie", la pérdida de poder adquisitivo tiene como consecuencia más inmediata que el dinero alcanza para menos.

Los ingresos se deterioraron en términos reales, obligando a las familias a recortar consumos básicos.

Mientras la falta de estabilidad impide a los consumidores tener valores de referencia, lo que genera una sensación de alerta constante al visitar comercios de cercanía.

En lo que se dan en llamar "psicología del consumo", la persistencia de índices cercanos al 3% mensual mantiene viva la inercia inflacionaria; el argentino sigue "mirando el dólar con un ojo abierto" y buscando refugio para sus ahorros de forma inmediata, aquel que tiene la posibilidad, que obviamente son los menos de la pirámide social.

Lejos quedaron también las luces de colores que Javier Milei lanzaba a los cuatro vientos diciendo que los salarios "van a volar en dólares" y que algunos creyeron posible.

¿CÓMO HACE UN JUBILADO?

 

Para un jubilado en la Argentina de 2026, la brecha entre la "inflación cero" prometida y la realidad del 2,5% o 3% mensual no es solo una estadística, es una crisis de subsistencia. Con haberes que suelen correr por detrás de los precios, el día a día se convierte en una ingeniería de supervivencia.

La inflación que más golpea a los adultos mayores no es la general, sino la de su canasta especifica , que incluye alimentos frescos, medicamentos y servicios de cuidado, e incluso hay quienes deben pagar un alquiler. Imposible, improbable, increíble.

A pesar de los acuerdos de precios, los remedios crónicos suelen subir por encima del haber. Muchos jubilados se ven obligados a fraccionar dosis o elegir qué medicación comprar cada mes, priorizando lo vital sobre lo preventivo.

El cambio de hábitos es drástico. Se abona la carne vacuna por el pollo o el cerdo, luego se pasa a los ultraprocesados o harinas, lo que deteriora la salud nutricional.

El jubilado argentino se ha vuelto un experto en logística financiera:

 

"Los jubilados, aparte de alimentarse, deben afrontar situaciones de salud y hasta alquileres".

 

Organizan su semana según los descuentos de Cuenta DNI, tarjetas de beneficios de diarios o los días específicos de "descuentos para jubilados" en grandes cadenas.

Mientras la quita de subsidios y el aumento de tarifas impactan doblemente.

Muchos optan por apagar estufas o aires acondicionados, limitando el uso de energía al mínimo extremo.

Quienes alquilan enfrentan el drama de las renovaciones bajo la nueva ley, donde los saltos de precio suelen ser impagables para una jubilación mínima. , obligándolos a mudarse a zonas más alejadas o a compartir vivienda con familiares.

Lo más silencioso es el aislamiento social. Para ahorrar, lo primero que se corta son los "gustos":

el café con amigos, el regalo para los nietos o el transporte para visitar a un pariente. Esto genera un impacto directo en la salud mental, aumentando la sensación de soledad y abandono.

Dado que la movilidad jubilatoria suele quedar corta frente a la inflación acumulada, la vida del jubilado depende hoy de la discrecionalidad del Gobierno para otorgar bonos extraordinarios. Sin ese refuerzo, la caída del poder adquisitivo sería total, dejando a un sector enorme de la población por debajo de la línea de indigencia.

Al cierre de marzo de 2026, la brecha entre lo que necesita un adulto mayor para subsistir y lo que percibe como ingreso mínimo es crítica. Mientras que la canasta básica específica para este sector se ha disparado, el Salario Minimo Vital y Movil (SMVyV) y la jubilación mínima cubren apenas una fracción de las necesidades básicas.

 

COMPARATIVA DE INGRESOS VS. COSTO DE VIDA (MARZO 2026)

Canasta Basica de Adultos Mayores: Alcanzó los $1.824.682 mensuales, según el último informe de la Defensoría de la Tercera Edad. Esta medición incluye gastos criticos como vivienda, alimentos y principalmente medicamentos e insumos de farmacia, que representan el 28% del total.

Salario Minimo Vital y Movil (SMVyM): Se ubica en $363.000.

Jubilación mínima (con bono): El haber mínimo para marzo es de aproximadamente $369.000, que sumado al bono de $70.000 (mantenido sin actualizar), totaliza $439.600.

Entonces, si tanto gustan los números, hay que tener en cuenta lo que generan los intentos libertarios de "ordenar el fisco", a costa de los menos pudientes, no de la casta que goza de buena salud.

Un jubilado que cobra la mínima apenas logra cubrir el 24% de sus necesidades básicas. Se necesitan más de cuatro haberes mínimos para alcanzar el costo de vida digno.

El salario mínimo actual es incluso inferior a la jubilación mínima PCM NPM. Cubriendo solo el 19.9% de la canasta del adulto mayor.

A diferencia de una canasta familiar general, la de los mayores está fuertemente impactada por la salud.

El rubro farmacia ha subido por encima del promedio, ensanchando la distancia entre el ingreso fijo y el costo de mantenerse sano.

Esta situación sitúa a la gran mayoría de los jubilados y trabajadores que perciben el mínimo técnico en una situación de indigencia funcional, donde incluso trabajando o habiendo aportado toda la vida, no se logran costear los servicios básicos y la alimentación recomendada. Esta Argentina no es la que soñaron nuestros abuelos, estamos lejos de ellos.

Tampoco nuestros próceres. Esta Argentina se desangra día a día y duele.

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