El mercado de los combustibles en Argentina atraviesa una etapa de alta volatilidad. La combinación de la paridad de importación, la devaluación mensual y el contexto internacional de incertidumbre energética ha empujado los valores en el surtidor a niveles históricos. Según los últimos relevamientos comparativos, la brecha de precios con países vecinos como Chile, Brasil o Paraguay se ha ensanchado significativamente.
El podio de los precios elevados
En la comparativa regional, el esquema de precios queda configurado de la siguiente manera:
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Uruguay: Se mantiene como el país con el combustible más costoso debido a su fuerte carga impositiva y dependencia total de la importación.
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Perú: Ocupa el segundo lugar con valores que se han disparado por problemas logísticos y de refino.
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Argentina: Escaló al tercer puesto tras las sucesivas subas de los últimos meses, superando a mercados que históricamente eran más caros, como el chileno.
Impacto en la economía local
Para los santiagueños, este escenario se traduce en un aumento directo de los costos logísticos y de distribución. Los transportistas locales advierten que los fletes deberán ajustarse nuevamente, lo que inevitablemente impactará en el precio de los alimentos y productos de consumo masivo en las góndolas de la provincia.
A pesar de la tregua temporal anunciada recientemente por Donald Trump en el conflicto con Irán —lo que generó una leve baja en el precio internacional del petróleo—, las petroleras locales aún no han dado señales de una posible reducción en los precios domésticos. Por el contrario, se espera que la inercia inflacionaria mantenga la presión sobre los surtidores durante el resto del semestre.
El factor impositivo
Analistas del sector hidrocarburífero señalan que, además del componente internacional, el Gobierno Nacional ha avanzado con la actualización de los impuestos al combustible líquido y al dióxido de carbono, factores que explican gran parte de la última suba. Esta política busca apuntalar la recaudación fiscal, aunque a costa de una mayor presión sobre el consumo interno y la actividad productiva.