La aparente estabilidad cambiaria a nivel macroeconómico contrasta con una realidad cada vez más compleja para el sector productivo. En Santiago del Estero y en todo el país, crece la preocupación por el aumento récord de cheques rechazados por falta de fondos, una señal clara del deterioro en la cadena de pagos que afecta de lleno a las pequeñas y medianas empresas (pymes).
Según un informe de la consultora Fidelitas, entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 se registraron más de 273.000 cheques sin fondos a nivel nacional, lo que equivale a unos 600 millones de dólares. El dato no solo supera ampliamente la media histórica, sino que incluso se ubica por encima de los niveles más críticos registrados durante la pandemia de COVID-19 en 2020.
El impacto se extiende más allá del ámbito empresarial. El estudio señala que la mora bancaria de los hogares alcanzó su nivel más alto en las últimas dos décadas, con una tasa de cartera irregular del 10,6% en enero. Esto refleja un creciente endeudamiento y dificultades para cumplir con las obligaciones financieras.
En este contexto, las pymes aparecen como el sector más vulnerable. A diferencia de las grandes empresas, que mantienen una morosidad cercana al 0,9% gracias a un mayor acceso al crédito, los pequeños y medianos emprendimientos concentran el mayor deterioro. En algunos rubros ligados al consumo interno y la provisión de insumos, la morosidad supera el 40%, encendiendo señales de alarma sobre posibles quiebres en la cadena productiva.
Este escenario plantea riesgos concretos para la economía real: retrasos en la producción, dificultades en el abastecimiento y caída en la actividad comercial. Si los proveedores más pequeños no logran sostenerse, el efecto dominó podría impactar en distintos sectores.
Frente a este panorama, especialistas recomiendan extremar precauciones. Sugieren a comerciantes y empresarios reforzar los controles sobre sus operaciones, monitorear la solvencia de clientes y proveedores, y establecer estrategias de contingencia para evitar que el aumento de la morosidad afecte su propia estabilidad financiera.
El récord de cheques rechazados se convierte así en un indicador clave de la falta de liquidez en el sistema, dejando en evidencia que, más allá de algunos signos de estabilidad macroeconómica, la economía cotidiana aún atraviesa una etapa de fuerte tensión.