La vida de Tránsito Arjona comenzó el 27 de agosto de 1927 en la zona rural de Santa María, Catamarca. Sin posibilidad de asistir a la escuela, su infancia y juventud se forjaron entre surcos de tabaco e ingenios azucareros, siguiendo las duras temporadas de cosecha. Sin embargo, el desafío más grande no fue el clima ni el esfuerzo físico, sino enfrentar la crianza de sus hijos en soledad tras ser abandonada por una pareja violenta en un contexto de extrema pobreza.
"Nunca roben" fue la máxima que Tránsito grabó a fuego en sus hijos mientras lavaba ropa ajena y limpiaba casas para subsistir. El giro del destino ocurrió en 1987, cuando se mudó a Neuquén. En la Patagonia, lejos de retirarse, se sumó a programas de trabajo comunitario manteniendo chacras y espacios públicos. Esa tenacidad le permitió, ladrillo a ladrillo, construir su propia casa en Centenario, donde hoy reside rodeada por sus 6 hijos, 16 nietos y 10 bisnietos.
Coplas, locro y resiliencia
En la actualidad, ver a Tránsito en una fiesta es presenciar un milagro de la naturaleza. Es la primera en levantarse a bailar y la encargada de musicalizar las tardes con antiguas coplas catamarqueñas que rescatan los paisajes de su niñez. Como la diva de la televisión, ella preside las mesas familiares, pero no con invitados famosos, sino con bandejas de empanadas recién hechas y un locro que es marca registrada en la zona.
Su historia es un recordatorio de la fuerza de la mujer rural argentina. A casi un siglo de su nacimiento, la "Mirtha de Centenario" no solo ostenta una longevidad envidiable, sino una claridad de espíritu que la mantiene como el motor de una familia numerosa que ve en ella el ejemplo vivo de que, con valores y esfuerzo, siempre es posible volver a empezar.