A nueve días de la muerte de Eduardo “Polaco” Riemersma, el dolor continúa presente entre quienes compartieron su vida y conocieron su incansable trabajo por los animales. Mónica Daniela Dorado, una allegada al reconocido proteccionista, publicó una extensa y emotiva carta después de llegar inesperadamente al lugar donde ocurrió el accidente que terminó con su vida.
“Si en estos nueve días no he ido a llevarte flores donde perdiste la vida, mi querido amigo, es sencillamente porque no he podido aceptar que ya no estás en este plano”, comienza el escrito compartido en un grupo de Facebook de La Banda.
No había planeado estar allí. Según relató, viajaba en auto junto a su hijo durante una tarde fría, ventosa y cubierta de tierra cuando él pronunció una frase que cambió por completo el viaje: “Ma, aquí es donde el Polaco ha tenido el accidente”.
“Fue un baldazo de agua fría corriendo por mi cuerpo desde la cabeza hasta los pies”, recordó.
El momento en que tuvo que enfrentar una realidad que no aceptaba
Dorado contó que bajó del vehículo casi automáticamente y comenzó a observar el lugar.
El puente, la curva, la tierra y, finalmente, una cruz improvisada con globos blancos, fotografías y frases dedicadas al Polaco.
“Todo eso me tiró de bruces contra el piso de una realidad inaceptada por mí”, escribió.
Se acercó a la cruz, cerró los ojos y, desde el dolor, imaginó a su amigo sentado frente a ella.
“¿Qué pasó aquí, amigo? ¿Qué sucedió?”, se preguntó.
Mientras permanecía allí, ocurrió otra escena que la impactó. Según relató, un motociclista perdió el control a pocos metros y cayó luego de chocar contra el cordón de la curva. Otras personas se acercaron para asistirlo y, posteriormente, el joven pudo retirarse en su vehículo.
La mujer reconoció que no podía explicar lo sucedido y relató aquella experiencia desde las sensaciones que atravesó en ese momento.
Una promesa en nombre de su amor por los animales
El momento más profundo de la carta llegó cuando Dorado recordó una de las grandes causas que acompañaron la vida de Riemersma: la protección animal.
“Me arrodillé, toqué la tierra con mis manos como esperando sentir el latido de tu alma y te prometí que, en honor a vos, nunca jamás iba a dejar de luchar, intervenir y ayudar a mis hermanos sin voz”, escribió.
También recordó algunas de las enseñanzas que, según contó, el Polaco repetía permanentemente.
“Los pájaros son libres, también necesitan agua y comida en todas las épocas del año”, evocó.
Y agregó otra idea que sintetizaba su mirada sobre los animales: “Con plumas, escamas, pelos o crines, todos merecen dignidad”.
Un perro apareció junto a la cruz
Antes de retirarse ocurrió una última escena que para Dorado adquirió un significado especial.
Según relató, un perro mestizo apareció cerca del improvisado santuario, rodeó el lugar y terminó sentado junto a la cruz.
“Movió la cola, se sentó con respeto al lado de la cruz, cruzó sus patitas mientras me miraba”, describió.
Para alguien que estaba despidiendo a un hombre cuya vida estuvo profundamente atravesada por la defensa de los animales, aquella imagen tuvo una enorme carga emocional.
“Hasta que nos volvamos a encontrar”
La publicación rápidamente se convirtió en mucho más que el relato de una visita.
Es también la historia de una persona que todavía intenta procesar la ausencia de un amigo y que encontró, frente al lugar de su muerte, una manera de transformar el dolor en una promesa de continuidad.
Mónica cerró la carta con apenas unas palabras:
“Hasta que nos volvamos a encontrar, Pola querido”.
A nueve días de su partida, el recuerdo del Polaco Riemersma continúa apareciendo en mensajes, homenajes y testimonios de quienes lo conocieron. Y, especialmente, en una causa que marcó buena parte de su vida: dar voz y protección a los animales que la necesitan.






