Por Ariel Sequeira
Se acabó la paciencia –no es pregunta, es casi una afirmación y si no una descripción del estado de ánimo de los habitantes de este país–. La tolerancia ante el ajuste in eternum de la sociedad argentina parece haber llegado a su límite. Una última encuesta, si es que algún crédito se le puede otorgar al trabajo de las consultoras -entre otras “Q Social”-, acaba de mostrar que un 50 por ciento de los argentinos no tiene más paciencia, que no puede seguir esperando que las cosas cambien, que el desahogo llegue, que la economía muestre una cara más promisoria y agradable, que el país comience a ponerse en movimiento en la dirección adecuada para las expectativas que todos se generaron cuando asumió la dirigencia anarco-libertaria encabezada por Milei.
Entre otras tantas voces, la del periodista Fabián Scabuzzo de la ciudad de Rosario, comienza a ponerle el acento que falta a la realidad que en el presente afrontan los argentinos. La observación de marras bien podría asentarse en los resultados de las últimas elecciones municipales que se desarrollaron en Santiago del Estero, en las que se eligieron 25 intendentes -más concejales- en comunas a lo largo y ancho de esa provincia.
El frente electoral liderado por el senador nacional Gerardo Zamora, se impuso en todas las municipalidades “por paliza”, a los candidatos de La Libertad Avanza. Como testigo más que elocuente, los guarismos registrados en la ciudad Capital santiagueña, mostraron un absoluto triunfo, ganando una vez más la intendencia de dicha ciudad, alcanzando el 66 por ciento de los votos, contra los libertarios que salieron segundos, obteniendo apenas el 8 por ciento de los sufragios.
Cuando Scabuzzo dice que se agotó la paciencia, dicha observación tiene como sustentos el trabajo de varias consultoras, que lejos de centrarse en auscultar intención de voto -para 2027- o bien la calidad de imagen, positiva y negativa de posibles candidatos, analizó el humor de la ciudadanía, la tolerancia frente a la marcha errática de la administración de Milei. Más de una encuesta mostraría que el 67 por ciento de los consultados no cree que el esfuerzo económico actual redunde en beneficio de los más afectados, por las mismas decisiones tomadas por el mileísmo.
El humor de los argentinos, definitivamente parecería reflejar el desgaste de la tolerancia del núcleo duro libertario, que en su momento le habría extendido no un cheque en blanco al actual presidente, pero sí una carta franca para concretar sus supuestas reformas, recortes y ajustes, que se graficaron con la imagen de una motosierra. El efecto más notorio que habría deteriorado la tolerancia social sería entonces el estancamiento de los salarios frente a la inflación, que como todos saben sería medida por la administración Milei de manera fallida. La razón de esta debacle estaría fincada en el uso de índices inexistentes en el presente. Es decir, información anacrónica. Siendo esta una de las razones por las cuales renunciara en su momento, el “pope Marco Lavagna”, a la jefatura del INDEC, el pasado 2 de febrero de 2026.
Vale la pena detenerse en el caso Lavagna. Quien también fuera titular del Indec de Alberto Fernández, renunció a la gestión libertaria por notorios desacuerdos técnicos y políticos sobre la postergación en la implementación del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) con una canasta actualizada. Es decir que la inflación estuvo siendo medida -lo sigue estando- con valores fuera de época, por lo tanto sus porcentuales falsean la realidad. Para justificar esa postura, el Ministerio de Economía a cargo de Luis Caputo, justificó esa postura en la necesidad de mantener dicha metodología vigente de medición de inflación, hasta que el proceso de desinflación estuviera consolidado.
Todas las encuestas coinciden en que el costo de vida asfixia a las clases bajas y ahora también a la clase media, que en los últimos dos años muestra claras evidencias de haberse angostado. En la actualidad no se percibe una recuperación tangible de la economía de los hogares, de los asalariados, pero también de una parte sustancial de los profesionales de clase media. Lo único que hasta el presente se anima a exhibir el gobierno nacional como logro serían las metas macroeconómicas, que desde luego no alcanzan para mejorar el clima social, sobre la base de meras expectativas. La paciencia se agotó sin lugar a dudas, es lo que dicen las encuestas, pero ahora también lo muestran las urnas, tras las elecciones santiagueñas.
¿De dónde proviene la palabra paciencia? Su origen es latino, viene de “patientia”, que significa cualidad del que sufre o soporta. Este término se forma a partir del verbo pati o patior (sufrir, padecer o soportar), unido a sufijos que indican cualidad y agente. De esta misma raíz latina provienen las palabras paciente (el que aguanta, por ejemplo una dolencia o está en el hospital) y la palabra padecer. Consecuentemente es un verbo latino que significa sufrir, tolerar o soportar, que designa la capacidad física o mental de resistir el sufrimiento, el dolor o una carga pesada sin rendirse. En el presente y desde su origen, esta palabra se transformó en la virtud de mantener la calma ante la adversidad, tolerar contratiempos y saber esperar con serenidad lo que tarda en llegar. El gran interrogante es saber cuál es el límite de la paciencia de los






