Por Ariel Sequeira
El impacto de la crisis económica se exhibe sin pudor en todos los sectores de la sociedad, sin excluir lamentablemente a nadie. La industria nacional hoy por hoy sería la más perjudicada, con mayor rigor sobre las Pymes. El comercio no le iría en zaga. La clase media, los asalariados, los cuentapropistas y emprendedores, los jubilados, las universidades, entre otros. Mientras que la peor cara de la debacle económica la conformarían los millones de deudores con bancos, tarjetas y usureros, como nunca antes se habría visto en el país. Los más agudos observadores apuntarían además al dólar atrasado, el riesgo país in crescendo, la falta de inversión extranjera directa y el constante endeudamiento con organismos internacionales como el FMI. Y en ese complejo entramado, que así descripto se ofrece como una especie de dramático telón de fondo, aparecen los casos particulares, los ejemplos puntuales, que a esta altura son absolutamente insoslayables.
A modo de ejemplo vale rescatar la situación que atraviesan los productores de yerba mate, afincados principalmente en la región del litoral argentino. En este caso será necesario fijar parámetros para entender mejor la crisis que estaría atravesando este rubro de la producción. Dicho parámetro sería en un extremo la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, por un lado, y por el otro la actual de Javier Milei. De esta manera se podrán apreciar los rigores de cada gestión sobre estos productores.
En tiempos de Cristina los productores alcanzaban a comprar un litro de gasoil con la venta de un kilogramo de yerba mate (en planta, descontando el servicio de cosecha y el flete). Mientras que en la actualidad, los mismos productores, para comprar un litro de combustible, deben vender casi 32 kilogramos de yerba. Como se ve, para muestra siempre basta un botón.
La producción de yerba mate en la Argentina atraviesa una profunda crisis debido a la desregulación del mercado y a la fuerte caída del precio que perciben los pequeños productores por la hoja verde. Entre las principales causas de esta crisis sobresale la desregulación estatal, dado que el gobierno de la Nación eliminó las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), quitando el precio sostén u oficial de referencia. A esto habría que agregar los bajos precios que percibirían los productores, quienes cobrarían montos por debajo de sus costos de producción, recibiendo apenas un pequeño porcentaje del valor final en góndola. No menos importantes serían los efectos devenidos de la llamada concentración económica: como se sabe, en la actualidad dos grandes empresas (Playadito y Las Marías) concentran casi la mitad de la molienda y fijan condiciones desfavorables para los pequeños productores.
Sin embargo, el talón de Aquiles de esta crisis estaría atado a la caída del consumo. Como se sabe, la pérdida del poder adquisitivo redujo el consumo interno de yerba mate en los últimos meses.
La debacle del mercado y de la producción de yerba en el país mostraría su peor cara en Misiones, donde más de 10.000 familias de agricultores y cooperativas estarían enfrentando un colapso financiero. Como consecuencia inevitable, muchos productores habrían decidido cosechar menos o detener la actividad, porque trabajar generaría pérdidas económicas. En busca de una solución, el sector impulsaría proyectos para declarar la emergencia yerbatera y realizaría reclamos judiciales e incluso cortes de rutas.
El origen de dicha crisis no estaría concentrado únicamente en Misiones, Corrientes y Entre Ríos; no. El desencadenante sería el despliegue de las políticas económicas pergeñadas por Javier Milei. Desde la asunción del gobierno anarco-libertario, el salario mínimo perdió un 40,8 por ciento de su poder adquisitivo. De allí se derivaría la marcada caída del consumo -tan negada por “El Javo” y “El Toto”- y la consecuente caída de la recaudación vía el IVA. Entre noviembre de 2023 y septiembre de 2026, el salario mínimo, vital y móvil perdió más del 40 por ciento de su poder de compra, por lo que, para recuperar valores históricos, necesitaría un incremento del 70,7 por ciento, algo que los empresarios en general no estarían dispuestos a aceptar.
“That is the question…” He aquí la cuestión, es decir, la madre de todas las paradojas. Si los empresarios no acuerdan mejores salarios, no se recobrará el consumo. Si la gente consume menos, la consecuencia será el cierre de comercios y Pymes, lo que acarrea más desempleo y obviamente cada vez menos consumo, cerrando un círculo vicioso casi perfecto. Es decir, sin buenos salarios nada funciona en el país. Parece un callejón sin salida, pero no lo es… Suenan cada vez más fuerte aquellos rumores del histórico New Deal rooseveltiano o, más acá en el tiempo, cuando Cristina Fernández de Kirchner gobernó para que no faltara plata en los bolsillos de los argentinos. He aquí la cuestión: hasta el entramado laberinto mileísta tiene una salida, aunque obviamente sería sin Milei.






