Este domingo, más de 41,2 millones de colombianos están convocados a las urnas para participar en la segunda vuelta presidencial que definirá al próximo mandatario del país para el período 2026-2030. Los centros de votación abrieron sus puertas a las 8.00 (hora local) y permanecerán operativos hasta las 16.00, en el marco de unos comicios que se desarrollan bajo un ambiente de marcada polarización política y con un fuerte despliegue de seguridad en diversas regiones.
Dos modelos políticos contrapuestos en las urnas
La contienda electoral expone dos proyectos de país profundamente antagónicos para suceder a Gustavo Petro en la Casa de Nariño. Por un lado, el abogado y empresario Abelardo de la Espriella se presenta como una figura ajena a la política tradicional, consolidando el voto de la derecha conservadora y contando con el respaldo explícito del mandatario estadounidense Donald Trump. Por el otro, el experimentado senador Iván Cepeda encarna la continuidad del proyecto progresista, basando su plataforma en la profundización de las reformas sociales impulsadas durante los últimos cuatro años.
El resultado de la primera vuelta electoral, celebrada el pasado 31 de mayo, ya había anticipado un escenario de paridad absoluta: De la Espriella obtuvo 10,3 millones de sufragios (43,74%), mientras que Cepeda alcanzó los 9,7 millones de votos (40,90%), por lo que se espera un escrutinio definitivo voto a voto durante la tarde de este domingo.
El contexto deportivo: Colombia brilla en el Mundial 2026
En paralelo al plano político, el pueblo colombiano celebra el gran debut de su seleccionado en la Copa del Mundo 2026. El conjunto sudamericano cosechó una sólida victoria por 3-1 ante Uzbekistán frente a más de 80.000 espectadores en el mítico Estadio Azteca, gracias a los goles convertidos por Daniel Muñoz, Luis Díaz y Jaminton Campaz.
Más allá del valioso resultado deportivo que acomoda al equipo en el Grupo, la jornada mundialista dejó una postal sumamente emotiva que recorre el planeta: un grupo de hinchas colombianos abrazó y consoló a un niño uzbeko que lloraba por la derrota de su país, transformándose en uno de los gestos de deportividad más aplaudidos de la cita ecuménica.






