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Cuestionan el traslado de las reservas de oro del Banco Central al exterior y la falta de información oficial

Una columna de opinión señala controversias por el envío de lingotes de oro del BCRA al exterior y la falta de datos sobre su paradero.

Cuestionan el traslado de las reservas de oro del Banco Central al exterior y la falta de información oficial

Por Ariel Sequeira

¿Qué pasó con los lingotes de oro del Banco Central? ¿Están en Suiza o en Inglaterra? Como se recordará, nuestro metal precioso salió de la Argentina a mediados de 2024 (entre junio y julio de ese año), bajo la gestión de Javier Milei y la conducción del Ministerio de Economía a cargo de Luis Caputo y del Banco Central presidido por Santiago Bausili. La Argentina, Inglaterra y el oro conformarían algo como el triángulo del diablo desde hace más de dos siglos, cuando en medio de estas dos naciones aparece lo que para algunos sería el vil metal.

Creo que a nadie escapará el hecho de que a los ingleses les interesa intrínsecamente el oro ajeno. Algún atrevido dirá: “¿Y cómo no, tratándose de una nación pirata?”. Pruebas al canto: corría el año 1806 y el brigadier general William Carr Beresford se enseñoreaba por las calles de la insipiente Buenos Aires. Azorado por la presencia enemiga, el virrey del Río de la Plata, Rafael de Sobremonte, huye hacia Córdoba para evitar caer prisionero. En su fuga se llevó a resguardo el tesoro de la corona.

La historia parece haberse mostrado muy ingrata con el virrey español. Este funcionario no habría hecho más que cumplir con los protocolos militares de la época, que indicaban “poner a salvo” los caudales del virreinato, conformados por onzas de oro y barras de plata. Aunque estaba muy lejos del Rubicón, Sobremonte debió citar a César: “Alea iacta est”, dado que su suerte estaba echada. El 30 de junio, un destacamento de dragones e infantes ingleses al mando del capitán Arbuthnot lo interceptó y confiscó los caudales que estaban retenidos en Luján -léase el oro-. Así, el cuantioso botín -estimado en más de un millón doscientos mil pesos de la época en oro- fue embarcado hacia Inglaterra en la fragata Narcissus, exhibido y depositado en Londres, sin que jamás fuera devuelto a nuestro país. Sería mucho pedirle a Milei, Caputo y Bausili que estudien algo de historia argentina o al menos que lean el Billiken. Dice la sabiduría popular que no se puede poner al zorro a cuidar a las gallinas. Sirva entonces este primer antecedente para poner en su lugar las alertas necesarias cuando de poner a resguardo lo nuestro se trata. O sea, vaya equivocación: le dieron a guardar nuestro oro a los ingleses.

Bausili dice que no sería así, y explicó que, “de tanto en tanto, dependiendo de la escasez del oro en el mundo, su costo se achica o se agranda; a principios de 2024 se nos abrió una ventana por una alta demanda por lingotes en este mercado y en ese contexto se bajaron los costos con la aceptación de lingotes viejos de una calidad más dudosa. Era esta una oportunidad óptima para las reservas del Banco Central aprovechar dicha ventana, a un costo mucho más bajo que el histórico, para convertir esas reservas de baja calidad en oro de calidad más alta”. Por esa razón trasladó el metal al Banco de Pagos Internacionales (BPI o BIS, por sus siglas en inglés), que es una organización financiera internacional con sede en Basilea, Suiza, conocida como el “banco de los bancos centrales”. Con esta explicación, la primera duda que surgiría es: ¿Bausili es economista o alquimista?

Vale revisar la otra cara de la moneda. Hoy se sabe que la Auditoría General de la Nación no obtuvo la respuesta pertinente del BCRA para demostrar dónde estaría realmente el oro. O sea, hasta ahora no se pudo acceder a la documentación necesaria para ratificar el destino final de nuestras reservas.

Para hacer más confuso el destino final del oro apareció la senadora Juliana Di Tullio. La legisladora acusó al presidente del Banco Central de mentirle al Senado sobre las reservas enviadas al exterior y aseguró que los lingotes están en Londres. Di Tullio afirmó que el oro se encuentra físicamente en el Bank of England (Londres), aunque bajo una cuenta del BIS de Suiza, y advirtió que ampliará una denuncia penal en su contra por brindar información falsa al Congreso. La legisladora sostuvo que el Gobierno utilizó o expuso las reservas soberanas como garantía para operaciones financieras y cuestionó la falta de respuestas claras a los pedidos de acceso a la información pública. La denuncia de Di Tullio se corresponde con la falta de exhibición de la documentación que respalde la versión del presidente del BCRA.

Contra todo principio republicano, las reservas de oro salieron del país y ningún funcionario se hace cargo de exponer la documentación que avale dicha acción con el respaldo legal necesario. El destino del metal precioso sigue siendo polémico. El objetivo de esa transacción, por los mismos motivos, es también controversial. Lo único admisible hasta el presente es que la administración Milei, con rigor fáctico, hace lo que se le antoja cuando se trata de manejar la cosa pública o, al menos, obra bajo un marco de suspicacia insoslayable.

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