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Del WhatsApp a las charlas cara a cara: el llamado de Javier Manzano a recuperar espacios perdidos

El presidente de la Fundación Nocka Munayki, Javier Manzano, visitó ADN de Radio después de presentar un estudio realizado con 900 estudiantes secundarios. La investigación encontró una relación entre el desarrollo emocional y la percepción de esperanza y abrió el debate sobre los vínculos en tiempos de virtualidad.

Del WhatsApp a las charlas cara a cara: el llamado de Javier Manzano a recuperar espacios perdidos
Javier Manzano, presidente de la Fundación Nocka Munayki, visitó ADN de Radio tras presentar en la Feria del Libro un estudio realizado con 900 estudiantes secundarios sobre inteligencia emocional y esperanza.

¿Los jóvenes realmente no piensan en el futuro? ¿Qué relación existe entre aquello que sienten, la manera en la que gestionan sus emociones y la posibilidad de imaginarse dentro de un proyecto de vida?

Esas preguntas fueron parte de un estudio realizado con 900 estudiantes secundarios de Santiago del Estero y presentado durante la Feria del Libro por la Fundación Nocka Munayki.

Su presidente, el profesor Javier Manzano, pasó por el stand de LV11 y conversó con ADN de Radio después de brindar la conferencia “Jóvenes, emociones y futuro”. Allí explicó los resultados de la investigación y reflexionó sobre cómo la tecnología transformó algunos de los espacios en los que tradicionalmente niños y adolescentes desarrollaban sus habilidades emocionales. 

Un estudio realizado con 900 estudiantes

Manzano explicó que la investigación cruzó dos grandes variables: el desarrollo de la inteligencia emocional y la esperanza.

En este caso, la esperanza fue entendida no solamente como una expectativa positiva, sino como la capacidad de imaginar un futuro posible y poder verse a uno mismo formando parte de él.

El trabajo alcanzó a 900 estudiantes de escuelas secundarias santiagueñas en las que la Fundación venía acompañando procesos vinculados al desarrollo emocional.

Los resultados, señaló Manzano, permitieron observar que los alumnos que habían participado de esas jornadas presentaban un alto nivel de desarrollo emocional. 

Inteligencia emocional y esperanza

Uno de los principales resultados surgió al relacionar ambas variables.

“Mientras mayor el nivel de desarrollo emocional, mayor la percepción de esperanza que tenían los estudiantes”, explicó Manzano.

También señaló el comportamiento inverso: entre quienes mostraban un menor desarrollo de la inteligencia emocional, la percepción de esperanza era también menor.

Para el titular de Nocka Munayki, ese segundo grupo representa precisamente uno de los sectores sobre los cuales es necesario profundizar el trabajo. 

¿Qué significa realmente tener inteligencia emocional?

Durante la entrevista, Manzano buscó despegar el concepto de una idea de “estar bien” o pensar positivamente todo el tiempo.

Según explicó, desde el enfoque con el que trabajan, la inteligencia emocional es una capacidad que puede desarrollarse y entrenarse, de una manera comparable con el aprendizaje de cualquier otra habilidad.

El problema, planteó, es que varios de los espacios cotidianos donde anteriormente se producían esos aprendizajes comenzaron a transformarse.

“Los espacios donde nosotros desarrollamos habilidades emocionales ya casi no están”, sostuvo.

Como ejemplos mencionó las reuniones con amigos que se trasladaron a grupos de WhatsApp y actividades compartidas que fueron reemplazadas por experiencias en línea. 

La tecnología y los espacios que fueron cambiando

Manzano aclaró que no se trata de plantear que todo tiempo pasado fue mejor, sino de reconocer qué espacios de socialización se modificaron con la llegada de nuevas tecnologías.

La empatía, la sociabilidad y el liderazgo, explicó, podían desarrollarse naturalmente en ámbitos familiares, barriales y entre grupos de amigos.

Por eso consideró necesario que los adultos generen deliberadamente nuevas oportunidades para trabajar esas habilidades.

No necesariamente mediante una clase formal, sino incorporando preguntas tan sencillas como “¿qué estás sintiendo?” o “¿cómo te sentís hoy?”.

La intención es que, con el tiempo, sean los propios jóvenes quienes aprendan a hacerse esas preguntas. 

¿Inteligencia emocional como materia escolar?

Consultado sobre la posibilidad de convertir la inteligencia emocional en una asignatura, Manzano consideró que existen numerosos contenidos importantes que podrían incorporarse a la escuela.

Sin embargo, planteó otra alternativa: que las emociones vuelvan a formar parte de las conversaciones cotidianas.

“Más que una currícula o una materia, considero que tiene que ser tema de conversación en la mesa”, explicó.

En ese sentido, recordó los encuentros familiares, las reuniones con amigos y otros espacios presenciales como escenarios donde históricamente también se aprendía a relacionarse con los demás. 

“Que esas conversaciones las tengan en persona”

Una de las recomendaciones centrales de Manzano estuvo dirigida tanto a los adolescentes como a sus familias.

El referente señaló que la comunicación mediante mensajes puede hacer que se pierda información fundamental que sí aparece durante un encuentro presencial.

Puso como ejemplo una pregunta cotidiana: “¿Cómo estás?”.

Por mensaje, explicó, una persona puede limitarse a contestar “bien” y terminar allí la conversación. Frente a frente, en cambio, aparecen el tono de voz, los gestos y las expresiones que permiten interpretar de otra manera lo que le está sucediendo.

“Que esas conversaciones las tengan en persona. Que se tomen el tiempo de hablar con su hijo, de hablar con un hermano, de hablar con sus padres en persona”, recomendó. 

El riesgo de interpretar un mensaje según cómo nos sentimos

Manzano también explicó que los mensajes escritos pueden ser interpretados de acuerdo con el estado emocional de quien los recibe, independientemente de la intención original de quien los envió.

Por eso consideró que la virtualidad limita parte de la información disponible en una conversación.

Desde su perspectiva, trabajar sobre la inteligencia emocional supone aprender a preguntar, pedir ayuda, expresar lo que sucede y disminuir las respuestas impulsivas en momentos de conflicto. 

Primero aprender a gestionarse uno mismo

El punto de partida, según explicó, está en observar qué sucede con uno mismo.

Manzano habló sobre pensamientos positivos, intrusivos, limitantes o fortalecedores y sostuvo que comenzar a reconocerlos permite entender mejor cómo influyen en las propias acciones.

“Solo podemos cambiar aquello que observamos”, resumió. 

El desafío, reconoció, está en llevar esos conceptos a la práctica, ya que modificar determinadas formas de reaccionar o pensar puede resultar difícil.

Una fundación con 30 años de trabajo

Durante su visita a LV11, Manzano contó además que la Fundación Nocka Munayki lleva 30 años trabajando en Santiago del Estero.

Explicó que su nombre proviene del quichua y significa “yo te quiero”. En sus comienzos, la iniciativa utilizaba una expresión que traducen como “yo te quiero, de raíces sanas y frutos fuertes”.

El algarrobo fue elegido como símbolo de esa filosofía: sus raíces profundas representan las bases necesarias para crecer y producir “frutos fuertes”. 

Tres décadas después, ese principio se conecta con el trabajo presentado en la Feria: fortalecer las herramientas emocionales de los jóvenes para que puedan pensar su presente, relacionarse con los demás y también imaginarse dentro de su propio futuro.

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