El invierno trae consigo cambios en la rutina que pueden influir en la salud del cerebro. La menor exposición al sol, la reducción de las actividades al aire libre y el aislamiento social son factores que, según especialistas, pueden aumentar el riesgo de deterioro cognitivo, especialmente en personas mayores.
En el marco del Día Mundial del Cerebro, expertos recordaron la importancia de adoptar hábitos saludables que ayuden a preservar la memoria y otras funciones cognitivas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 57 millones de personas vivían con trastornos neurocognitivos en 2021 y proyecta que la cifra superará los 150 millones para 2050.
En Argentina, se calcula que más de 600.000 personas mayores de 65 años presentan algún trastorno neurocognitivo y que aproximadamente 360.000 padecen enfermedad de Alzheimer.
Cuáles son las señales de alerta
Los especialistas remarcan que ciertos síntomas no forman parte del envejecimiento normal y requieren una consulta médica.
Entre las principales señales se encuentran:
- Pérdida de memoria que afecta las actividades cotidianas.
- Dificultades para planificar o resolver problemas.
- Problemas para realizar tareas habituales.
- Desorientación en tiempo o espacio.
- Dificultades para comprender imágenes o distancias.
- Problemas para hablar o escribir.
- Disminución del juicio o de la capacidad para tomar decisiones.
- Cambios de personalidad, estado de ánimo o aislamiento social.
La neuróloga Florencia Deschle explicó que algunas causas de pérdida de memoria pueden ser reversibles, como determinados medicamentos, déficits vitamínicos, trastornos tiroideos o depresión, por lo que insistió en la importancia de realizar una consulta médica ante los primeros síntomas.
El impacto del aislamiento durante el invierno
Durante los meses fríos es habitual reducir las actividades sociales y permanecer más tiempo en casa.
Según un estudio de la University of St Andrews, difundido a fines de 2025, el aislamiento social puede acelerar el deterioro cognitivo en adultos mayores, incluso en personas que no sienten soledad.
La investigación también observó que mantener vínculos sociales se asocia con un deterioro cognitivo más lento, mientras que el aislamiento incrementaría alrededor de un 26% el riesgo relativo de desarrollar estos trastornos.
Los factores de riesgo que pueden modificarse
La Comisión Lancet, en su actualización de 2024 sobre prevención y tratamiento de los trastornos neurocognitivos, identificó 14 factores de riesgo modificables.
Entre ellos se encuentran:
- Aislamiento social.
- Sedentarismo.
- Hipertensión arterial.
- Diabetes.
- Obesidad.
- Tabaquismo.
- Consumo excesivo de alcohol.
- Depresión.
- Colesterol LDL elevado.
- Hipoacusia y pérdida de visión no tratadas.
- Traumatismos de cráneo.
- Contaminación del aire.
- Bajo nivel educativo.
Según el informe, actuar sobre estos factores podría prevenir hasta el 45% de los casos a nivel mundial.
Cómo cuidar el cerebro durante el invierno
Los especialistas recomiendan incorporar hábitos sencillos que contribuyen a preservar la función cognitiva:
- Mantener el contacto con familiares y amigos mediante visitas, llamadas o videollamadas.
- Realizar actividad física de manera regular, incluso dentro del hogar cuando el clima no acompaña.
- Estimular la mente con lectura, juegos de memoria, cursos o nuevos aprendizajes.
- Dormir las horas necesarias y respetar las rutinas de descanso.
- Controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa.
- Corregir problemas de audición o visión cuando existan.
- Evitar fumar y limitar el consumo de alcohol.
- Consultar ante síntomas persistentes de depresión.
- Aprovechar los momentos de sol y realizar actividades al aire libre cuando las condiciones climáticas lo permitan.
Los expertos coinciden en que la combinación de actividad física, estimulación mental, vida social y control de los factores de riesgo cardiovascular representa una de las estrategias más efectivas para proteger la salud cerebral a lo largo de la vida.






