Detrás de cada mechón de cabello donado hay una historia de solidaridad y, muchas veces, una oportunidad para que una persona que atraviesa un tratamiento oncológico vuelva a sentirse cómoda con su imagen. Esa es la tarea que desde hace casi una década desarrolla Un Pelito de Esperanza, una asociación santiagueña que confecciona pelucas artesanales para acompañar a pacientes que pierden el cabello durante sus tratamientos.
En el marco de Octubre Rosa, el mes dedicado a promover la concientización sobre el cáncer de mama, Elizabeth Pecce y Chiqui Santillán, integrantes de la institución, visitaron los estudios de ADN de Radio LV11 para compartir su historia, explicar cómo se elaboran las pelucas y convocar a la comunidad a sumarse con donaciones.
Durante la entrevista, las voluntarias revelaron que la asociación cuenta actualmente con 23 integrantes y que, a lo largo de su trayectoria, ya entregó más de 1.300 pelucas.
Además, brindaron detalles sobre los requisitos para donar cabello, los horarios de atención del taller y una nueva iniciativa solidaria: la presentación de un libro infantil que busca acercar esta realidad a los más pequeños.
Una historia que nació del dolor y se transformó en solidaridad
Elizabeth Pecce recordó que Un Pelito de Esperanza comenzó a funcionar el 17 de mayo de 2017, a partir de una experiencia familiar que movilizó a un grupo de mujeres.
Según relató, Adriana Navajo y Connie Arriazu fueron las impulsoras de la iniciativa, vinculada con la historia de Gigi, la hija de Adriana, cuya pérdida marcó profundamente a su entorno.
En aquel momento, la necesidad de conseguir una peluca llevó a organizar campañas de recolección de cabello para enviarlo a Córdoba, donde podía ser utilizado en su confección.
Sin embargo, pronto surgió una pregunta que cambiaría el rumbo de aquella experiencia: ¿por qué no aprender a fabricar las pelucas en Santiago del Estero?
La respuesta fue el nacimiento de una asociación que comenzó a trabajar de manera artesanal, inicialmente en la casa de Adriana.
“Hemos comenzado en casa de Adriana, pero solo con videollamadas de las chicas que nos iban indicando qué necesitábamos y cómo hacerlo”, recordó Pecce.
Las primeras voluntarias aprendieron mediante indicaciones a distancia, con pruebas, errores y mucho trabajo.
En 2018 llegaron a presentar sus primeras pelucas en la Casa Diocesana, un momento que todavía recuerdan con emoción.
Con el paso de los años, perfeccionaron las técnicas y ampliaron el alcance de su labor.
Más de 1.300 pelucas entregadas y 23 voluntarias comprometidas
Actualmente, la asociación está integrada por 23 mujeres voluntarias, que distribuyen las tareas de acuerdo con sus conocimientos y disponibilidad.
Algunas se encargan de clasificar el cabello, otras preparan las cortinas que formarán las pelucas, mientras que un grupo trabaja en la costura, la confección de las bases y los detalles finales.
También cuentan con peluqueras voluntarias que adaptan cada peluca a los gustos y necesidades de quien la recibe.
Chiqui Santillán explicó que el trabajo está organizado para que cada integrante tenga una función dentro del taller.
“Cada una tiene su lugarcito para trabajar. Ya sabemos qué hacer”, contó.
La tarea demanda tiempo, dedicación y recursos, pero también genera momentos de profunda satisfacción.
Para las voluntarias, uno de los instantes más especiales ocurre cuando una paciente se prueba una peluca, elige su estilo y se observa en el espejo.
“Es una alegría enorme ver cómo les cambia el rostro cuando la peluquera las peina, las arregla y salen ellas con otra cara. Es hermoso ver”, expresó Santillán.
La asociación ya superó las 1.300 pelucas entregadas, una cifra que refleja el crecimiento del proyecto y la participación de numerosas personas que colaboraron con cabello, materiales o aportes económicos.
Cómo donar cabello en Santiago del Estero
Uno de los principales mensajes de la entrevista estuvo dirigido a quienes desean colaborar, pero no conocen los requisitos para donar cabello.
Las integrantes explicaron que reciben cortes de 25 centímetros en adelante, aunque también aceptan mechones extraídos de determinadas zonas de la cabellera.
Dónde y cómo donar cabello
Taller de Un Pelito de Esperanza
Pedro León Gallo esquina Antártida Argentina, ciudad Capital de Santiago del Estero.
Atención al público
Lunes y jueves, de 18 a 20 horas.
Requisitos para donar
Cabello de al menos 25 centímetros o mechones que puedan aprovecharse en la confección. También reciben cabello teñido o decolorado.
Cómo colaborar económicamente
La asociación cuenta con socios solidarios que aportan $5.000 mensuales para ayudar a comprar materiales.
Pecce explicó que no es necesario tener cabello completamente natural para colaborar.
“Los otros cabellos, así sean teñidos, decolorados, también nos sirven”, aseguró.
En el caso del cabello sin tratamientos químicos, al que las voluntarias llaman cabello virgen, suele destinarse a la confección de pelucas para niñas.
También destacaron el gesto de un hombre llamado Jesús, quien dona su cabello cada año para colaborar con la asociación.
Las personas interesadas pueden acercarse al taller o comunicarse mediante las redes sociales de la institución, identificadas como Un Pelito de Esperanza Santiago del Estero, en Facebook e Instagram.
Del cabello donado a una peluca: un trabajo completamente artesanal
La elaboración de una peluca requiere diferentes etapas y la participación de varias voluntarias.
El primer paso consiste en clasificar el cabello por color y longitud.
Una vez reunidos aproximadamente seis o siete cortes de características similares, comienza el proceso de preparación.
Las voluntarias realizan una tarea conocida como cardado, que permite retirar el cabello sobrante y ordenar las fibras.
Luego se confeccionan las llamadas cortinas de cabello, colocando los mechones cuidadosamente sobre cintas que posteriormente se cosen.
Estas cortinas se incorporan a una base o gorro especialmente preparado para adaptarse a la cabeza de cada paciente.
El proceso incluye tanto costura manual como trabajo con máquinas.
“Se va cardando el cabello, se saca el exceso y ya está preparado para que las chicas comiencen a hacer las cortinas”, explicó Pecce.
Cuando cuentan con todos los materiales, la confección puede completarse en aproximadamente una semana, aunque el tiempo depende de la disponibilidad de insumos y de las voluntarias.
La última etapa es la personalización.
Cada persona puede probarse diferentes pelucas, elegir el color y solicitar un corte que se adapte a sus preferencias.
Las peluqueras voluntarias también enseñan cómo lavar, peinar y conservar correctamente la pieza.
Las pelucas se prestan por seis meses y pueden renovarse
Un dato importante que compartieron las integrantes de la asociación es que las pelucas no se entregan de manera definitiva, sino en calidad de préstamo.
El plazo inicial es de seis meses, aunque puede extenderse cuando la persona necesita continuar utilizándola.
“Si vas a seguir necesitándola, nos avisás y la seguimos prestando”, explicó Pecce.
Cuando una paciente deja de utilizarla, la peluca puede regresar al taller para ser reacondicionada.
Las voluntarias la lavan, peinan, reparan las partes deterioradas y realizan los ajustes necesarios para que otra persona pueda recibirla.
Por ese motivo, durante la entrevista hicieron un pedido especial a quienes tienen pelucas prestadas que ya no utilizan.
La devolución permite que otras pacientes puedan acceder a una pieza sin tener que esperar a que se confeccione una nueva.
Además, explicaron que cada peluca se entrega con un cabezal de telgopor para facilitar su conservación.
Estos elementos representan uno de los gastos importantes de la asociación: según detallaron, algunos cabezales deben comprarse en Buenos Aires y cuestan alrededor de $30.000.
A eso se suman otros materiales necesarios para la confección artesanal.
Octubre Rosa: campañas de donación en escuelas e instituciones
Durante octubre, la asociación intensifica sus actividades para reunir cabello y dar a conocer su trabajo.
Las voluntarias visitan escuelas, instituciones y centros de salud, donde organizan jornadas de recolección de mechones y campañas de concientización.
También realizan actividades en localidades del interior provincial.
Santillán contó que estas salidas pueden ocuparles toda una mañana, ya que implican trasladarse, organizar la colecta y regresar al taller para continuar con las tareas habituales.
A pesar del esfuerzo, destacó que participar de estas iniciativas es una experiencia que la renueva personalmente.
Las integrantes remarcaron que la colaboración de la comunidad es fundamental para sostener el proyecto, tanto mediante donaciones de cabello como a través de aportes económicos y materiales.
Un libro infantil para explicar la solidaridad y acompañar a los niños
La entrevista también permitió conocer una nueva iniciativa de Un Pelito de Esperanza.
Elizabeth Pecce contó que durante la reciente Feria del Libro de Santiago del Estero se presentó un cuento infantil titulado “Un Pelito de Esperanza”, realizado por la doctora Romina Martínez Junco.
La publicación está pensada para niños de nivel inicial y primario, con el propósito de acercarles de manera sencilla una realidad que muchas veces resulta difícil de explicar.
“Muchas veces los niños preguntan y no sabemos cómo explicárselo. Entonces este libro está hecho para niños”, señaló Pecce.
La obra también representa una nueva forma de colaborar con la institución.
Según explicaron, el libro se encuentra a la venta y su comercialización permite recaudar fondos para comprar materiales destinados a la confección de pelucas.
Las voluntarias destacaron la importancia de recuperar espacios de lectura y conversación con los chicos, especialmente cuando se trata de temas relacionados con la salud, las emociones y la solidaridad.
Cómo colaborar con Un Pelito de Esperanza
Quienes deseen sumarse a esta iniciativa pueden hacerlo de distintas maneras: donando cabello, aportando materiales, convirtiéndose en socios solidarios o difundiendo las campañas.
La asociación recibe consultas en su taller de Pedro León Gallo esquina Antártida Argentina, los lunes y jueves de 18 a 20 horas.
También mantiene contacto con la comunidad a través de Facebook e Instagram, donde puede encontrarse como Un Pelito de Esperanza Santiago del Estero.
La cuota de los socios solidarios es de $5.000 mensuales, un aporte que ayuda a cubrir los costos de confección y mantenimiento de las pelucas.
Después de casi una década de trabajo, Elizabeth Pecce y Chiqui Santillán coincidieron en que el compromiso de las voluntarias se sostiene gracias a la satisfacción de acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.
La historia de Un Pelito de Esperanza demuestra cómo un gesto tan sencillo como donar un mechón de cabello puede convertirse en una ayuda concreta para otra persona.
Y detrás de cada peluca confeccionada hay horas de trabajo, manos voluntarias y una misma intención: acompañar con respeto y cariño a quienes enfrentan un tratamiento oncológico.






