La ciudad de Monte Quemado fue el escenario de un notable acto de civismo y empatía que alteró la tónica habitual de las plataformas digitales con una dosis de profunda esperanza. Una joven estudiante de un profesorado local protagonizó un destacable gesto solidario al devolverle el teléfono celular a un repartidor de motomandados, quien lo había extraviado accidentalmente mientras cumplía con sus tareas laborales de la jornada.
El episodio se desencadenó el pasado viernes, cuando el damnificado, cuya principal herramienta de sustento económico diario es el dispositivo telefónico para coordinar viajes y entregas de mercadería, advirtió la ausencia del aparato tras recorrer diversos barrios de la cabecera departamental. Según memorizó el damnificado, uno de sus últimos movimientos logísticos había consistido en detener la marcha en una farmacia céntrica para adquirir medicamentos urgentes destinados a una bebé.
Horas más tarde, al arribar al domicilio de su pareja, el trabajador se percató con desesperación de que ya no poseía el teléfono. Ante la lógica preocupación de perder su fuente laboral, ambos comenzaron a marcar de forma insistente al número de línea con la expectativa de que el aparato hubiera caído en manos de un buen samaritano. Para alivio de los involucrados, las llamadas fueron atendidas por la alumna de la institución de formación docente, quien manifestó de inmediato su voluntad de coordinar la entrega sin pretender ningún tipo de recompensa.
Tras concertar un punto de encuentro seguro en la vía pública, el operario pudo recuperar el elemento de comunicación. Embargado por la emoción y el alivio, el joven utilizó su perfil en las redes sociales para visibilizar y agradecer públicamente la intachable actitud de la estudiante santiagueña. “Todavía hay personas de buen corazón”, redactó conmovido, desatando una oleada de interacciones y comentarios positivos por parte de los residentes de Monte Quemado, quienes ponderaron el valor de la honestidad.
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