Durante décadas, el cáncer colorrectal estuvo fuertemente asociado con personas de mayor edad. Esa percepción puede convertirse en un problema cuando la enfermedad aparece en adolescentes y adultos jóvenes: ni los pacientes ni quienes los rodean suelen considerarla inicialmente entre las posibilidades.
Una investigación realizada por especialistas del Mass General Brigham for Children y Mass General Brigham Cancer Institute, en Estados Unidos, analizó 84 casos de pacientes de 21 años o menos diagnosticados con cáncer de intestino entre 2012 y 2023.
Uno de los principales puntos señalados por el estudio fue que la mayoría llegó al diagnóstico cuando la enfermedad ya se encontraba en etapas tres o cuatro.
Los investigadores ponen así el foco en una cuestión central: reconocer síntomas persistentes y evitar que la edad, por sí sola, lleve a descartar señales que requieren evaluación médica.
Los síntomas observados entre los jóvenes
Uno de los desafíos es que las manifestaciones descriptas pueden aparecer también en numerosos problemas de salud mucho más frecuentes y no significan, por sí mismas, la presencia de un cáncer.
Entre los síntomas reportados en los pacientes estudiados aparecieron dolor en la parte baja de la espalda, cambios en los hábitos intestinales, pérdida de peso, sangrado y dolor abdominal.
Los cambios intestinales pueden incluir variaciones en la frecuencia de las deposiciones o en su consistencia.
Precisamente por tratarse de síntomas inespecíficos, la investigación pone especial atención en su persistencia y en la necesidad de una evaluación profesional, en lugar de asumir automáticamente una causa.
¿Por qué puede demorarse el diagnóstico?
Erica Arnold, becaria de investigación en cirugía pediátrica de Mass General Brigham, señaló que el cáncer colorrectal entre adolescentes y adultos jóvenes presenta desafíos particulares.
“Cuando se diagnostica, suele ser agresiva, presentándose en una fase avanzada de la enfermedad y asociada a altas tasas de recaída y mortalidad”, advirtió.
El trabajo encontró que varios pacientes fueron derivados a especialistas meses después de comenzar con los primeros síntomas, mientras que otros recibieron inicialmente tratamientos orientados a condiciones diferentes antes de que se considerara un diagnóstico de cáncer.
Arnold señaló que uno de los problemas es precisamente la escasa asociación entre adolescencia y cáncer colorrectal.
“Los adolescentes no detectan las señales de alerta porque desconocen que podría afectarles”, sostuvo, al tiempo que instó a los profesionales a prestar atención a posibles síntomas en pacientes jóvenes.
Qué encontró el estudio
La investigación incluyó 84 pacientes de hasta 21 años. La edad promedio al momento del diagnóstico fue de aproximadamente 16 años.
De los casos estudiados, 65 correspondieron a cáncer de colon y 19 a cáncer de recto.
Según los datos presentados por los investigadores, casi la mitad de los pacientes murió y más de un tercio sufrió una recaída después del tratamiento.
Además, solamente alrededor del 20% tenía un familiar cercano que había sido diagnosticado previamente, por lo que los antecedentes familiares no estuvieron presentes en la mayoría de los casos analizados.
Se trata de resultados correspondientes a este grupo específico de pacientes y no implican que esos porcentajes puedan extrapolarse automáticamente a todos los adolescentes con cáncer colorrectal.
El aumento entre personas jóvenes
La preocupación también aparece al observar una tendencia más amplia.
De acuerdo con los datos citados por los investigadores, desde la década de 1990 las tasas de cáncer de intestino entre personas de 25 a 49 años aumentaron un 72%, mientras que entre los mayores de 50 años el incremento señalado fue del 3%.
El estudio fue presentado en la Conferencia Nacional de la Academia Estadounidense de Pediatría 2026, en San Diego, y se suma a otras investigaciones que vienen analizando la aparición de cáncer colorrectal a edades más tempranas.
Tener síntomas no significa tener cáncer
Los investigadores no plantean que un dolor abdominal, lumbar o una modificación de los hábitos intestinales deban interpretarse automáticamente como cáncer.
Esas manifestaciones pueden responder a muchas otras causas, especialmente durante la adolescencia.
El mensaje apunta a otra cuestión: no ignorar síntomas persistentes, inexplicables o que empeoran, particularmente cuando aparecen varios al mismo tiempo o se acompañan de sangrado o pérdida de peso sin explicación.
En esos casos corresponde realizar una consulta médica, para que un profesional determine qué estudios o seguimiento son necesarios.
El desafío que deja planteado el trabajo es evitar que una idea todavía muy instalada —que el cáncer colorrectal corresponde exclusivamente a edades avanzadas— termine demorando la evaluación cuando las señales requieren atención.






