El consumo de carne vacuna en Argentina se ubicó en 45,4 kilos por habitante al año, consolidando una baja histórica en la mesa familiar. De acuerdo con los datos sectoriales, el indicador refleja una retracción de más de diez kilos en comparación con los registros de hace una década, cuando el consumo anual alcanzaba los 56,1 kilos por persona y mantenía picos de hasta 58,2 kilos en los años posteriores.
Diversos factores económicos y productivos explican la caída sostenida en el consumo del alimento fundamental. La menor producción ganadera, sumada a una creciente demanda de los mercados internacionales que capta una porción relevante de la oferta nacional y al persistente aumento de precios en la hacienda en pie, han impactado de forma directa en los mostradores y carnicerías de todo el país.
El encarecimiento del producto condicionó las pautas de compra en los hogares argentinos. Ante la pérdida de participación de la carne vacuna en el mercado interno, las familias han comenzado a modificar sus hábitos alimentarios mediante la sustitución gradual por otras fuentes de proteína más accesibles.






