El Gobierno nacional enfrenta severas dificultades políticas para avanzar con una de las reformas electorales que considera estratégicas para su armado político de cara a los comicios de 2027: la suspensión o eliminación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Pese a que la Casa Rosada pretendía activar el debate parlamentario en septiembre, la falta de consensos en el Congreso amenaza con demorar indefinidamente el proyecto.
Tensiones con gobernadores y el PRO
Uno de los principales frenos que encuentra el Poder Ejecutivo radica en el desgaste de la relación con los gobernadores de las provincias aliadas. Las recientes discusiones en las cámaras legislativas dejaron al descubierto marcadas diferencias y cierto clima de desconfianza respecto de las conversaciones informales que se venían manteniendo.
Para el oficialismo conducido por La Libertad Avanza, suspender la contienda primaria funcionaría como una herramienta de ordenamiento para facilitar alianzas regionales. Sin embargo, los mandatarios provinciales exigen mayores garantías de gobernabilidad y compromisos firmes antes de aportar los votos que permitan modificar el código electoral vigente.
El radicalismo preserva sus internas
A este complejo escenario se suma el reposicionamiento de la Unión Cívica Radical (UCR). Distintos referentes del partido centenario comenzaron a evaluar la construcción de una propuesta electoral propia para competir por la presidencia, motivo por el cual entienden que las PASO resultan una herramienta indispensable para dirimir sus candidaturas e internas de cara a 2027.
Frente a este mapa de fracturas y alianzas en revisión, el oficialismo deberá intensificar las negociaciones si aspira a recomponer puentes en el Congreso. La discusión por la suspensión de las primarias trasciende la cuestión logística y financiera, convirtiéndose en una clave política determinante para el futuro del mapa partidario en la Argentina.






