Por Ariel Horacio Sequeira
Hace apenas unos días, el presidente de la Nación aseguró que el consumo privado estaría en niveles récord. Sin embargo, la venta de productos masivos se retrotrae mes a mes. ¿Cuál es la explicación…? Simple, como se supone que dijo en la antigüedad el estagirita Aristóteles, la única verdad es la realidad. Cuando Toto Caputo dice que el consumo en la Argentina estaría en niveles muy altos, lo que hace es sumar a ese registro, el dinero que se drena de los bolsillos de la gente en el rubro servicios, léase agua, luz, gas, alquileres y transporte, que sin subsidios, agota los salarios in extremis, condenando a las familias a privarse del consumo de productos masivos. Si todo el dinero de un hogar o casi todo se vuelca al pago de servicios, es matemáticamente imposible que se consuman otros productos, por la obvia falta de metálico en los bolsillos de los argentinos.
El termómetro más significativo del humor social, en la actualidad, es la venta de productos masivos, que como lo muestran todas encuestas y consultas directas con los comerciantes y Pymes, estaría en sus niveles más bajos. Este aspecto es esencial en los tiempos que corren porque el presidente Milei acaba de anunciar que va su reelección en 2027. Una vez más la gente se muestra abiertamente molesta cuando no puede acceder a los productos de consumo masivo. La Cámara de Empresas de Investigación Social y de Mercado (CEIM), habría informado que el consumo masivo cerró junio del corriente año con un 2,7 por ciento, por debajo del nivel del mismo mes de 2025 y 17 por ciento por debajo de enero de 2023.
La supuesta baja de la inflación sigue sin impactar en las compras diarias. En esto no hay secretos, “ha mayor demanda mayores precios”. Uno de los componentes del plan libertario para bajar la inflación fue la contención de los salarios, de allí que congelaran las paritarias y pisaran los sueldos. Fue la trampa perfecta: Al comienzo de su gestión Milei devaluó “sin anestesia”, contuvo los salarios, lo que determinó una retracción del consumo -entrando en menos de un año en una clara recesión-, conteniendo sin embargo solo a medidas la inflación, que si bien exhibió números descendentes, lo hizo gracias al uso y abuso de la base de la Encuesta de Gastos de 2004, negándose a aplicar la de 2018. Hasta ahora esa postergación de un índice genuino de precios al consumidor, sería la única tabla de salvación del gobierno al exhibir sus números mes a mes, aunque como se sabe en la calle nadie se deja engañar.
Mientras el gobierno nacional sigue haciendo ondear la baja de inflación como su mayor estandarte, para el común de la gente las prioridades son otras. Cabe aclarar que el común de la gente son los consumidores, comerciantes y productores Pymes. Los bolsillos argentinos están muy golpeados -vapuleados-, cada día se compra menos, las familias priorizan productos esenciales, ya nadie llena su carrito en el supermercado. Las compras mensuales ahora son semanales o bien diarias. El síntoma más preocupante sería la caída del consumo en el estrato de mayores ingresos, que normalmente eran los menos afectados.
A la postre resulta más que infantil decir que el consumo alcanzó niveles record, cuando todas las estadísticas y mediciones muestran que durante el imperio mileista se perdieron casi 250 mil puestos de trabajo. Es decir que miles de familias perdieron sus fuentes de ingreso, reduciendo a niveles de indigencia sus consumos.
Salarios pisados: La plata no alcanza, apenas si para pagar agua, luz y gas y el colectivo. La caída de los sueldos en todos sus niveles, sería el principal obstáculo para la recuperación del consumo masivo. En el presente el salario promedio estaría un 8,7 por ciento abajo del mismo nivel en el 2023 –casi 10 por ciento más abajo que hace tres años, pero con una inflación anual de tres dígitos desde esa fecha hasta el presente-, es decir que mientras todo aumenta los sueldos siguen cayendo.
Por su parte los empleados públicos acumulan a nivel nacional una pérdida del 17,8 por ciento, en ese ámbito. Cuando se incorpora uno de los datos más preocupantes, ya nada puede sostener el relato oficial del alto consumo en los tiempos que corren, porque hoy se sabe fehacientemente, es que el ingreso disponible se ubica 38 por ciento por debajo de 2017.
La frutilla del postre -amargo-, es el crecimiento endeudamiento para cubrir gastos corrientes, una tendencia que se profundizó en los últimos meses. Según últimas encuestas más de la mitad de los argentinos estaría tapado de deudas. En ese marco se sabe que apenas un 17 por ciento estaría al día en sus cuentas. Poco más del 20 por ciento estaría moroso y un 15 por ciento si sufría demoras importantes en sus pagos. Como se sabe arriba del 10 por ciento, en este rubro, no sería un problema personal sino estructural.
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