Por Ariel Sequeira
Hasta el presente se habrían destruido unos 235 mil empleos registrados desde que se inició la gestión anarco-libertaria al frente del Poder Ejecutivo. Es obvio que dicha cifra tiene un impacto directo sobre el consumo, que sigue en caída libre, y también sobre la confianza del consumidor, que prefiere inmovilizar su apetito consumista restringiéndose a lo imprescindible y absolutamente necesario. Los datos crecientes de desocupación podrían discriminarse de la siguiente manera: se habrían perdido unos 83 mil empleos en la industria y 61 mil en la construcción, a los que habría que sumar 91 mil más en otros rubros. La primera conclusión es contundente: el mercado laboral atraviesa un momento muy complicado, sin que se advierta la posibilidad de una recuperación. No se debe perder de vista que la desocupación creciente siempre trae acarreada la precarización del mercado laboral, o sea, contrataciones en negro. Este registro caótico fue relevado en el sector privado entre noviembre de 2023 y abril de 2026.
Hoy la tasa de desocupación en la Argentina se ubica en el 7,8 por ciento al término del primer trimestre de 2026, según el último informe oficial del INDEC. Si a priori todos coincidimos en que la presidencia de Alberto Fernández -10 de diciembre de 2019 a 10 de diciembre de 2023- fue una de las más nefastas de los últimos tiempos, sería necesario revisar toda consideración hacia el gobierno presente de Javier Milei, dado que, a pesar de la pandemia, el antecesor kirchnerista habría dejado el índice de desempleo en 5,7 por ciento. Las matemáticas no mienten: “El Javo” habría incrementado en poco más del 2 por ciento la desocupación en la Argentina en apenas tres años.
La consecuente precarización laboral en la era Milei promovió que la tasa de empleo informal alcanzara un récord del 44,2 por ciento. Siendo hasta el presente esta una marca récord, impulsada por la creación de puestos en negro o temporales frente a la caída del empleo registrado. De la mano de estas cifras iría enlazada una subocupación en alza, que habría registrado un 11,1 por ciento. Estos números englobarían a personas que trabajan menos de 35 horas semanales y que quieren o desean trabajar más.
¿Cuáles serían los grupos sociales más afectados hasta este momento? Se sabe, de acuerdo a estadísticas oficiales, que la desocupación golpea con mayor fuerza a las mujeres, que en su conjunto totalizarían un 8,3 por ciento, en comparación con los varones, que componen un 7,5 por ciento, y muy especialmente a los jóvenes menores de 29 años.
Un dato significativo mostraría que el impacto laboral no es uniforme en todo el territorio nacional. El mapa del desempleo, de acuerdo al relevamiento llevado a cabo por el INDEC en el último semestre, expondría marcadas diferencias: entre las regiones con mayor desempleo se encuentra el llamado Gran Buenos Aires, con una impresionante tasa de desocupación del 8,7 por ciento. Se suma la Región Pampeana, con un 8,2 por ciento, siendo ambas los registros más altos de la Argentina. En focos específicos como el eje San Nicolás-Villa Constitución, el desempleo alcanzaría el 10,4 por ciento, y en los partidos del Conurbano bonaerense, la tasa del rubro sería del 9,7 por ciento.
Comparativamente, las zonas con menor desempleo son el Noroeste Argentino (NOA) con un 4,9 por ciento y la Patagonia con un 5 por ciento.
No se puede ignorar de ninguna manera que tanto el desempleo como el empleo en negro y el subempleo inciden en el consumo (en su caída, se entiende). Al haber una menor demanda de productos en todos los rubros, los comercios tambalean y cierran, las Pymes y manufacturas producen menos y demandan consecuentemente menos mano de obra, generando más inestabilidad laboral y, por consiguiente, menor recaudación para las arcas del Estado. Habría que decir que estamos ante un círculo vicioso o, mejor, ante una nefasta rueda de la muerte, cuya única función sería la destrucción del empleo en todas sus formas.






