Por Ariel Sequeira
El último que apague la luz. Al amparo de la épica victoria del seleccionado argentino de fútbol contra el seleccionado egipcio, el presidente de la Nación Milei, anunció que aplicaría el “shutdown”. Lo haría mediante un proyecto de ley -o por decreto- con el propósito de cerrar el Estado. Lo que busca la administración libertaria es apagar la actividad pública para limitar el gasto. Hasta acá no sería más una copia al carbón de una medida puesta en práctica en Norteamérica desde hace más de 50 años. Consistiría en dejar de pagar los salarios de estatales y recortar al máximo las prestaciones estatales. Lisa y llanamente sería un apagón de la administración pública, es decir un cierre del gobierno si se acaba el presupuesto.
Antes de ofrecer detalles sobre esta medida yanqui, cabe preguntarse: ¿Si es verdad lo del déficit cero, el equilibrio fiscal, la inflación domada, si millones fueron rescatados de la pobreza y los salarios le ganaron a la inflación, por qué seguimos pidiendo dinero a bancos extranjeros?
Esta es la explicación oficial: “Cuando te agotás el presupuesto no se puede gastar más y se apaga el Estado”, dijo Milei.
¿Pero, qué es el tan mentado shutdown? En Norteamérica se llega a instrumentar dicha medida -ese virtual cierre del gobierno- cuando el Congreso no aprueba el presupuesto o cuando este se agota. La consecuencia termina siendo la suspensión de gran parte de las operaciones que le corresponden al gobierno. Le pasó a Donald Trump el año pasado. Las consecuencias fueron graves a lo largo de unos 30 días, se suspendieron las asistencias a los más vulnerables dentro del sistema yanqui. Se dejaron de pagar salarios de los estatales. Y esto no fue lo más crítico, porque ese “apagón” suspendió las actividades en áreas específicas de la actividad gubernamental, ocasionando que se asumieran medidas acciones con información sesgada.
¡Alerta, Milei quiere copiar ese modelo! Siempre señalando lo que sucedió en los Estados Unidos, allí los trabajadores estatales fueron suspendidos en sus labores pero sin goce de sueldo. Y aun peor, en ciertas áreas sensibles de la administración de ese país, los empleados fueron obligados a concurrir a sus oficinas, pero sin cobrar un mísero dólar. Extremando las consecuencias deberíamos preguntarnos si un “shutdown a la criolla” afectaría servicios esenciales como hospitales y comisarías…
El presidente de la Nación lanzó el anuncio y las especulaciones corrieron como reguero de pólvora. Se especula que de insistir con estas desmesuradas acciones, lo primero que se afectarán serán las compras del Estado -obvio una preocupación sensible para proveedores del Estado-, todo tipo de gasto administrativo y emprendimientos diversos sin importar que se suspendan a medio camino. Cuando se habla de gastos como sueldos en general y jubilaciones, también se alude a financiamientos de salud y educación.
Es inexplicable que el gobierno hable de “apagar el Estado”, cuando diariamente anuncia que la administración está saneada en sus gastos. La realidad es que sigue pidiendo dinero que no se vuelca en infraestructura de ninguna naturaleza y se sigue ajustando a los más vulnerables. Cada vez se recauda menos, como consecuencia de la caída del consumo por la expoliación de los salarios a través de los altos costos de servicios y el congelamiento de las paritarias. Más la desocupación por el cierre de Pymes y grandes fábricas, que condenan a la indigencia a poco más de dos millones de personas. Y la frutilla del postre, la inversión extranjera directa que no llega ni con el Super Rigi… ¿Por qué el Estado se quedaría sin fondos, si el manejo de la economía es elogiable para Milei? ¿Será que alguien miente?






