El secretario y colaborador estrecho de Diego Maradona, Maximiliano Pomargo, declaró este jueves como testigo en el juicio por la muerte del astro y describió el severo deterioro psicofísico que atravesó el exfutbolista durante sus últimas semanas de vida. Ante el Tribunal de San Isidro, el testigo reveló las alertas que transmitió al neurocirujano Leopoldo Luque sobre el estado del paciente. "Maradona no estaba bien. Le transmití a Luque que entraba en una caída libre. Estaba tomando mucho y no había manera", sostuvo Pomargo al referirse a la adicción al alcohol que afectaba al ídolo.
El testigo ratificó que Luque era el profesional de máxima confianza y el encargado absoluto de la salud de Maradona, coordinando desde especialistas médicos hasta las decisiones críticas. Debido al agravamiento del cuadro durante octubre de 2020, el entorno evaluó la posibilidad de forzar una internación psiquiátrica involuntaria por motivos de medicación. Sin embargo, el rechazo rotundo de Maradona a ser trasladado a un centro de salud mental derivó en la posterior organización del esquema médico en el barrio San Andrés de Tigre. "Diego no quería ser internado en un psiquiátrico. Eso lo enfurecía. Por eso empieza el tema de la internación domiciliaria. Siempre fue por su adicción al alcohol", precisó.
Durante la audiencia se exhibieron mensajes de texto donde Luque advertía a Pomargo que la combinación de fármacos y adicciones constituía "una bomba de tiempo". El colaborador también reveló que pocos días antes del fallecimiento detectó una notable hinchazón corporal en Maradona y consultó de urgencia a Luque y a la psiquiatra Agustina Cosachov. Según el testimonio brindado ante los jueces, ambos profesionales de la salud minimizaron la advertencia respondiéndole que la condición física del paciente se debía simplemente a que llevaba mucho tiempo acostado.






