La combinación entre los sucesivos incrementos en el cuadro tarifario, el recálculo en el esquema de subsidios y el constante deterioro del poder adquisitivo de los salarios impactó de lleno en la movilidad del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Según el último informe de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), en apenas doce meses se vendieron 28 millones de boletos menos, lo que representa un derrumbe del 19,1% en la demanda.
Salto tarifario e impacto socioeconómico
El relevamiento expone que en el séptimo mes del año se registraron 128,1 millones de transacciones con tarjeta SUBE, contra las 146,1 millones contabilizadas en el mismo período del año anterior. La retracción coincide con un proceso de reajuste tarifario que superó ampliamente la inflación general. Mientras que la tarifa en las líneas porteñas escaló un 67,99%, en los recorridos de jurisdicción bonaerense el incremento alcanzó un 117,3%, elevando el piso del pasaje por encima de los 1.000 pesos.
De acuerdo con estimaciones del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA-Conicet), el gasto que las familias destinan exclusivamente a movilizarse en transporte público aumentó un 73% en el último año, trepando a un promedio de 121.031 pesos mensuales. Por su parte, informes técnicos del CEPA advierten que la erogación en transporte para un trabajador que se traslada diariamente desde el conurbano hacia la Capital Federal pasó de insumir el 4,6% al 33% del Salario Mínimo, Vital y Móvil.
Recorte en la frecuencia y caída en los viajes de ocio
El descalce entre costos operativos y tarifas tampoco derivó en una mejora del servicio. Ante el desplome de pasajeros y los retrasos en las compensaciones estatales, las empresas de autotransporte redujeron los recorridos en un 8,9%, acumulando quejas por demoras y unidades con menor nivel de ocupación.
El fenómeno de retracción no solo se limita a las jornadas laborales. Las estadísticas de AAETA señalan que la mayor caída de usuarios se concentró los días domingos, con un desplome del 35,8%, al tiempo que los sábados registraron un descenso del 21,3%. Estos números ratifican que miles de familias debieron ajustar drásticamente las salidas de esparcimiento, las visitas familiares y las actividades recreativas.






