La inestabilidad en Medio Oriente alcanzó un punto crítico este lunes tras una cadena de ataques y contraataques que han disparado la tensión en el Golfo Pérsico. La Guardia Revolucionaria iraní confirmó haber lanzado una ofensiva de represalia contra instalaciones militares estadounidenses en Bahréin y Kuwait, además de atacar sistemas de radar en Omán y depósitos de municiones en la base aérea Príncipe Hassan, en Jordania.
Esta escalada se desencadenó luego de que las fuerzas estadounidenses ejecutaran bombardeos nocturnos contra "decenas" de objetivos estratégicos iraníes, incluyendo estaciones de radar, sistemas de defensa aérea y unidades de misiles. El conflicto, que tiene como eje central la soberanía sobre el estratégico estrecho de Ormuz, marca el punto más tenso de la región desde el inicio de las hostilidades a finales de febrero.
El Estrecho de Ormuz: epicentro de la disputa
La vía marítima, por donde transita cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas, se ha convertido en el principal escenario de confrontación. Mientras el Comando Central estadounidense sostiene que el estrecho es un corredor comercial internacional y que "Irán no lo controla", Teherán insiste en que se trata de su territorio y advierte que no tolerará la "interferencia ilegal" de Washington.
Como medida de fuerza, Irán anunció el cierre del estrecho hasta nuevo aviso, una decisión que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha intentado minimizar, asegurando que sus fuerzas mantienen el paso abierto por la fuerza, aunque el tráfico comercial ha reportado niveles significativamente reducidos.
Un frágil escenario diplomático
El panorama diplomático se muestra desolador. La serie de ataques ocurre apenas a mitad del periodo de 60 días de un acuerdo provisional que pretendía encauzar un cese al fuego definitivo. A pesar de que Trump sugirió recientemente que dicho acuerdo había fracasado, mediadores internacionales de Pakistán, Qatar y Egipto continúan trabajando contra reloj en un intento por frenar una conflagración a gran escala.
El saldo humano de esta escalada comienza a hacerse visible: medios estatales iraníes reportaron la muerte de al menos un trabajador de telecomunicaciones y un teniente de la armada en la provincia de Hormozgan, mientras que las autoridades de Jordania y Kuwait han confirmado la intercepción de diversos proyectiles en sus espacios aéreos.
La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, ante el riesgo de que la confrontación por Ormuz se transforme en un conflicto de proporciones regionales con consecuencias incalculables para la economía y la seguridad global.






