“No es ‘cosa de chicos’. No es ‘ya se le va a pasar’”. Con esas palabras, una familiar de Franchesca, la niña de 12 años que atravesó una grave crisis emocional en una escuela de Quimilí, decidió contar qué puede esconderse detrás del bullying y lanzó un fuerte pedido para que padres, docentes y adultos no minimicen las señales de quienes están sufriendo.
Según lo expresado por su familia, Franchesca tiene TDAH y desde hace tiempo atravesaría situaciones de hostigamiento por parte de compañeros. El caso tomó estado público después del episodio ocurrido en la escuela, donde la menor terminó encerrada en un baño, llorando y en un fuerte estado de alteración.
Ante esa situación, su madre realizó una denuncia por los presuntos maltratos.
Ahora, una prima de la mujer decidió poner en palabras una dimensión menos visible del caso: qué ocurre cuando una niña comienza a convencerse de que hay algo malo en ella por ser diferente.
“Es preguntarse qué tiene de malo”
El mensaje describe comportamientos que, según la familia, comenzaron a formar parte de la vida cotidiana de Franchesca.
“No es ‘cosa de chicos’. No es ‘ya se le va a pasar’. Es llegar a casa con dolor de panza. Es no querer ir a la escuela. Es preguntarse qué tiene de malo”, expresó.
La familiar buscó de esa forma poner el foco no solamente en las burlas o los episodios concretos, sino en las consecuencias emocionales que puede generar un hostigamiento sostenido.
“Es una nena de 12 años creyendo que ella es el problema”, sintetizó.
El esfuerzo cotidiano de Franchesca
En su publicación, también se refirió al TDAH y a algunos de los desafíos que, según relató, atraviesa la menor.
Explicó que determinadas tareas pueden demandarle un esfuerzo adicional y que olvidar algo, perder la concentración o experimentar emociones intensamente no deberían convertirse en motivos de burla.
Para su familia, el reclamo no pasa por exigir que todos sean amigos, sino por algo mucho más elemental: respeto.
Un compañero que decide no sumarse a una burla. Alguien que pregunta si puede sentarse con el grupo. Un docente que advierte una situación. Un adulto que escucha.
Pequeños gestos que, frente al aislamiento, pueden adquirir una enorme importancia.
“Franchesca no tiene que apagarse para encajar”
Otra de las frases centrales del mensaje familiar fue dirigida directamente a la niña:
“Franchesca no tiene que apagarse para encajar”.
La publicación remarca que no debería esconder su forma de sentir, avergonzarse por sus diferencias ni pensar que necesita cambiar para conseguir aceptación.
Tiene 12 años y, sostiene su familia, debería poder llegar a la escuela pensando en aprender, compartir y encontrarse con sus compañeros, en lugar de hacerlo con miedo.
Un llamado directo a los padres
El posteo también interpela a las familias desde otro lugar: no solamente preguntarse si sus hijos están siendo víctimas, sino también si participan, observan o acompañan situaciones de hostigamiento hacia otros compañeros.
Hablar sobre lo que sucede en la escuela, enseñar respeto y corregir determinadas conductas aparecen como aspectos centrales del pedido.
“La empatía también se aprende. Y el silencio también enseña”, señala el mensaje.
La reflexión propone una pregunta sencilla: ¿qué haría cualquier padre si fuese su hijo quien regresara diariamente de la escuela con miedo o dejara de querer asistir?
Una crisis que encendió todas las alarmas
El mensaje se conoció después de la grave situación atravesada por Franchesca en su establecimiento educativo.
De acuerdo con lo denunciado por la familia, durante la crisis la menor se encerró en un baño y habría expresado temor por su seguridad. Su madre posteriormente acudió a la Policía y reclamó respuestas ante los presuntos episodios de bullying.
Por tratarse de una menor y de una situación de especial vulnerabilidad, resulta fundamental evitar su sobreexposición y que cualquier intervención priorice su acompañamiento, protección y bienestar emocional.
La familia busca ahora que lo sucedido sirva también para generar conciencia.
Franchesca tiene 12 años. Y detrás de todo el reclamo aparece una idea sencilla: ningún chico debería crecer convencido de que ser diferente es una razón para ser lastimado.






