El debate sobre qué lugar deben ocupar las redes sociales y los celulares durante la infancia llegó este miércoles a A Primera Hora, por Radio LV11. La licenciada en Educación Giselle Arduino analizó los riesgos de una exposición cada vez más temprana a las pantallas y puso el foco especialmente en una responsabilidad que, según consideró, no puede quedar únicamente en manos de los chicos: la de aprender a poner límites.
La charla surgió a partir de las restricciones al acceso de menores a redes sociales que fueron presentadas durante el programa como parte de una iniciativa europea. Desde allí, la especialista llevó el debate a una realidad mucho más cotidiana: qué ocurre dentro de las casas y las escuelas cuando un niño recibe su primer celular y comienza a utilizar redes sin contar todavía con herramientas suficientes para autorregularse.
Arduino consideró positivo que los Estados avancen en regulaciones destinadas a proteger a niños y adolescentes, aunque remarcó que cualquier medida debe estar acompañada por el trabajo de los adultos.
“El celular ya es nuestro chupete electrónico”
Uno de los conceptos que atravesó la entrevista fue la dificultad que tienen incluso los adultos para separarse del teléfono.
“Generalmente lo agarramos cuando estamos aburridos, cuando estamos estresados y no lo agarramos conscientemente. Lo agarramos inconscientemente porque ya es nuestro chupete electrónico”, explicó Arduino.
La licenciada señaló que las plataformas ofrecen estímulos constantes y recompensas inmediatas que favorecen que una persona continúe mirando contenidos.
Según explicó, ese mecanismo ayuda a entender por qué resulta tan difícil dejar de hacer scroll, abandonar un videojuego o ignorar una notificación, especialmente durante etapas de la vida en las que la capacidad de autorregulación todavía está desarrollándose.
Dos reglas sencillas para aplicar en casa
Arduino planteó que la regulación no debería quedar exclusivamente en los menores, sino involucrar a toda la familia.
Como ejemplo, mencionó una regla que aplica en su propia casa: durante el almuerzo no hay celulares sobre la mesa.
También propuso evitar llevar el teléfono al dormitorio durante la noche.
“Los celulares tendrían que dormir en otra habitación”, sostuvo, y agregó que incluso dejar el dispositivo en modo avión sobre la mesa de luz mantiene una presencia que puede dificultar la desconexión.
Para la educadora, el desafío es también de los adultos, porque resulta difícil exigirle a un chico una conducta diferente cuando observa permanentemente a sus mayores pendientes del teléfono.
¿Cuál es una señal de alerta?
Hacia el final de la entrevista, Arduino dejó un indicador concreto para padres y responsables.
Más que observar únicamente cuántas horas utiliza el celular un chico, recomendó prestar atención a aquello que comenzó a abandonar.
“Tenemos que medir o empezar a darnos cuenta cuando los chicos dejaron de hacer cosas que antes les interesaban”, señaló.
Un niño que antes esperaba salir a jugar, practicar un deporte, encontrarse con amigos o utilizar sus juguetes y que progresivamente pierde interés en esas actividades mientras aumenta su permanencia frente a las pantallas merece especial atención.
Para Arduino, ese cambio puede funcionar como una señal para que los adultos observen con mayor detenimiento qué está sucediendo y, cuando corresponda, busquen orientación profesional.
Apuestas online, otro problema que preocupa
La conversación también avanzó sobre un fenómeno diferente de las redes sociales: las apuestas y juegos online entre menores.
Arduino explicó que estas experiencias pueden aprovechar mecanismos de recompensa que favorecen conductas repetitivas y remarcó la especial vulnerabilidad de niños y adolescentes.
La especialista relacionó este fenómeno con la búsqueda de estímulos inmediatos y contrapuso esas experiencias con actividades que demandan mayor participación y esfuerzo, como practicar un deporte, aprender un instrumento, leer o jugar con otras personas.
“Ningún control parental es 100% seguro”
Otro de los puntos que planteó fue que entregar un teléfono acompañado únicamente por determinadas restricciones técnicas no garantiza que un niño permanezca protegido.
“Ningún control parental es 100% seguro, y los chicos saben las mil y una para saltar todas las barreras”, expresó.
Desde su experiencia educativa, contó que aparecen alumnos cada vez más pequeños que conocen formas de abrir cuentas o acceder a espacios digitales pese a las restricciones establecidas por los adultos.
Por eso, sostuvo que el acompañamiento debe ir más allá de instalar una aplicación de control parental.
Ciberacoso, grooming y exposición de los chicos
La entrevista abordó además los peligros vinculados con el ciberacoso, el grooming y la exposición de imágenes de menores.
Arduino cuestionó particularmente la naturalización de que los adultos publiquen permanentemente fotografías y videos de sus hijos sin detenerse a pensar en las consecuencias de esa exposición.
También se refirió a la utilización de inteligencia artificial para manipular fotografías, una problemática que puede afectar especialmente a niños y adolescentes.
En ese punto, la conversación derivó hacia el papel que deben desempeñar tanto las familias como las instituciones educativas cuando estos conflictos aparecen entre estudiantes.
Arduino sostuvo que las escuelas tienen responsabilidades pedagógicas y deben intervenir frente a situaciones que afectan la convivencia, pero remarcó que la formación en valores comienza dentro del ámbito familiar.
El desafío que también plantea la inteligencia artificial
Otro momento de la charla estuvo dedicado a la aparición de dispositivos y juguetes que incorporan inteligencia artificial conversacional.
Arduino mencionó como ejemplo el desarrollo de juguetes capaces de mantener conversaciones, recordar información y responder a las emociones que interpreta en el usuario.
Su preocupación estuvo puesta en qué puede suceder si esas herramientas comienzan a reemplazar experiencias sociales propias de la infancia, como jugar con hermanos y amigos, discutir, negociar, ceder o resolver conflictos.
La especialista recordó que esas situaciones cotidianas forman parte del desarrollo de habilidades sociales y emocionales.
Volver a mirar qué pasa dentro de casa
Más allá de regulaciones, plataformas y avances tecnológicos, Arduino terminó llevando la discusión hacia un ámbito mucho más cercano.
Para la licenciada, los adultos también necesitan revisar su relación con las pantallas y generar momentos en los que el teléfono deje de ocupar el centro de la escena.
Comer sin celulares, conversar cara a cara, jugar, recuperar actividades compartidas y observar cambios en los intereses de los chicos fueron algunas de las pautas que surgieron durante su paso por A Primera Hora.
Porque, como quedó planteado durante la entrevista, el desafío no pasa por eliminar la tecnología de la vida cotidiana, sino por evitar que termine desplazando experiencias fundamentales para el desarrollo de niños y adolescentes.






