Con 31 años y más de dos décadas y media dedicadas a la disciplina marcial, Bonahora catalogó este logro como uno de los tres hitos más importantes de toda su trayectoria deportiva. Tras superar durísimos combates —incluyendo un debut ante el anfitrión local y una vibrante final resuelta en los últimos segundos—, el atleta destacó que el éxito no es fruto de la casualidad, sino de una planificación de diez meses de trabajo ininterrumpido.
“La final ha sido durísima y muy desgastada, pero ahí es cuando floreció la experiencia y pude sacarla adelante. Representar al país y a la vez pelear al lado de amigos en la selección federal es una sensación inigualable”, expresó el taekwondista, haciendo hincapié en el enorme desafío físico que representó sobreponerse a las altas temperaturas y a la exigente humedad caribeña.
Esfuerzo familiar, resiliencia y nuevos horizontes
Detrás de cada medalla hay una historia de enorme sacrificio cotidiano que combina dobles turnos de entrenamiento, su rol como instructor de artes marciales, su profesión y su reciente paternidad. En un tramo emotivo de la entrevista,Bonahora reconoció que el camino del deportista amateur en el país exige renuncias constantes y batallas internas —como reponerse rápidamente de tropiezos en torneos nacionales—, encontrando en su núcleo familiar, su pareja y su hija el motor fundamental para seguir adelante.
Con la mira puesta en lo que resta del año, el referente santiagueño ya diagrama su próxima gran prueba: el selectivo final en Rosario de cara al Campeonato Mundial que se disputará en Plovdiv, Bulgaria, reafirmando que la pasión por el taekwondo y el fuego sagrado del competidor siguen más vigentes que nunca.






