Con las urnas abiertas en todo el territorio, la expectativa está puesta en la pelea entre el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, candidato del Partido de los Trabajadores, y el senador Flávio Bolsonaro, principal figura del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Los últimos sondeos presentan un escenario extremadamente cerrado y dejan abierta una posibilidad cada vez más concreta: que la definición deba trasladarse a una segunda vuelta.
Lula 45%, Bolsonaro 42%
La última medición de Datafolha coloca a Lula al frente de la primera vuelta con el 45% de los votos válidos, mientras que Flávio Bolsonaro alcanza el 42%.
La diferencia entre ambos es de apenas tres puntos.
Sin embargo, con un margen de error de dos puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%, la medición configura un escenario de empate técnico.
Mucho más atrás aparecen los restantes candidatos.
Según el mismo sondeo, Ronaldo Caiado obtiene un 4%; Renan Santos y Augusto Cury, un 3% cada uno; y Romeu Zema, un 1%.
Una decisión que parece consolidada
Otro dato de la encuesta permite dimensionar el grado de polarización de la elección.
El 87% de los consultados aseguró que su decisión ya no cambiará, por lo que el margen para grandes movimientos de último momento aparece reducido.
Al mismo tiempo, ninguno de los principales candidatos alcanzaría en esta proyección el porcentaje necesario para resolver la elección directamente en primera vuelta.
De mantenerse ese escenario, Brasil tendría que regresar a las urnas el 25 de octubre.
Una eventual segunda vuelta todavía más pareja
Si la primera vuelta aparece cerrada, el eventual mano a mano entre Lula y Bolsonaro presenta una diferencia todavía menor.
Los sondeos mencionados proyectan al actual mandatario con un 47%, contra un 46% de Flávio Bolsonaro.
Solamente un punto porcentual separaría a ambos en ese escenario.
La paridad es tal que los mercados predictivos citados en el material previo a la elección llegan a otorgarle al candidato opositor una ligera ventaja probabilística para una eventual definición.
Una campaña atravesada por la tensión
El escenario electoral experimentó diferentes momentos de turbulencia durante los meses anteriores.
Entre los episodios que repercutieron en la campaña apareció el denominado caso Master, un entramado financiero cuyas derivaciones alcanzaron, según las informaciones difundidas durante el proceso electoral, a sectores vinculados con ambos espacios políticos.
La situación añadió otro componente a una campaña que ya llegaba marcada por la confrontación entre oficialismo y oposición.
Fuerte operativo durante la votación
Mientras millones de brasileños se acercan a las urnas, las autoridades desplegaron un operativo especial de seguridad y prevención.
El Tribunal Superior Electoral y la Policía Rodoviaria Federal coordinan controles tanto en rutas como en centros urbanos con el objetivo de facilitar el desplazamiento de los votantes y evitar incidentes que puedan afectar el normal desarrollo de los comicios.
También se reforzó el monitoreo frente a posibles ataques cibernéticos y campañas de desinformación durante la jornada electoral.
Una elección que mantiene en vilo a Brasil
La atención permanecerá puesta ahora en la participación y, posteriormente, en el escrutinio.
Los números previos dejan una certeza: ninguno de los dos principales candidatos llega con una ventaja suficientemente amplia como para considerar definida la elección.
Lula parte adelante según Datafolha, pero Flávio Bolsonaro permanece a pocos puntos y dentro de un escenario estadísticamente muy cerrado.
Brasil ya vota y, si las encuestas consiguen reflejar lo que finalmente ocurra en las urnas, la pelea por la Presidencia podría extenderse hasta el 25 de octubre.






