Panchita no era simplemente una cabrita. Para unos niños de Añatuya era su mascota, su compañera de juegos y parte de la vida cotidiana de la familia. Ahora sus padres intentan acompañarlos frente a una dolorosa pérdida: según denunciaron públicamente, el animal desapareció y posteriormente se enteraron de que habría sido matado y vendido.
A Panchita le faltaba poco para cumplir un año. Había llegado siendo pequeña y, con el paso de los meses, se convirtió en una presencia habitual para los chicos.
La familia sostiene que alguien se llevó al animal y que posteriormente lo habría sacrificado para comercializarlo. La acusación fue difundida públicamente por allegados, aunque las responsabilidades deberán ser determinadas por las autoridades correspondientes.
La historia rápidamente provocó indignación, especialmente por el vínculo que los niños habían construido con Panchita.
“No se imaginan el daño que causaron”
Yésica Sosa, madre de los pequeños, expresó públicamente el dolor de la familia y recordó algunas de las escenas cotidianas que compartían con el animal.
“Nuestra señorita gordita, nuestra Panchita”, escribió al despedirla.
Contó que los chicos la veían jugar con una pelota, que la cabrita corría para recibirlos cuando llegaban y que incluso reaccionaba cuando ellos se marchaban.
“No se imaginan el daño que causaron en tus pequeños dueños”, expresó.
Detrás del caso aparece precisamente una dimensión difícil de medir económicamente: para los niños se perdió una mascota con la que habían construido un vínculo afectivo.
“Los niños perdieron algo que amaban”
Un allegado a la familia, identificado como Ariel, también publicó un extenso mensaje para acompañar a los padres y repudiar lo ocurrido.
“No era solamente una cabrita”, comenzó.
Y resumió el impacto de la situación con otra frase: “El animal perdió la vida, pero los niños perdieron algo que amaban”.
El hombre sostuvo que Panchita formaba parte del hogar y que los chicos habían aprendido a quererla, cuidarla y reconocerla.
“Para un niño, el vínculo con un animal puede ser profundamente emocional: es compañía, cariño, juego y, muchas veces, una de esas pequeñas presencias que hacen que una casa se sienta más feliz”, escribió.
Un fuerte repudio y pedido de justicia
Las publicaciones también incluyeron duras acusaciones contra una persona a la que los allegados responsabilizan por lo sucedido.
Por resguardo y ante la necesidad de que cualquier eventual responsabilidad sea establecida por las autoridades, se omite la identidad de la persona señalada públicamente.
“Que la Justicia determine y aplique las consecuencias que correspondan”, reclamaron desde el entorno de la familia.
El mensaje también buscó diferenciar una pérdida natural de la situación que denuncian haber atravesado los niños.
“Una cosa es perder a un animal por enfermedad o por el inevitable ciclo de la vida. Y otra muy distinta es saber que alguien decidió arrebatárselo”, expresa uno de los pasajes.
“No están solos”
La historia de Panchita comenzó además a despertar muestras de solidaridad hacia los padres y especialmente hacia los pequeños.
“Queremos decirles que no están solos”, señala otro de los mensajes difundidos.
“Quizás para algunos sea ‘solo un animal’, pero quienes amamos y respetamos a los animales sabemos que es muchísimo más que eso: es un compañero, un ser querido, parte de la familia y, para un niño, un vínculo lleno de amor e inocencia”, agregaron.
Mientras se reclama que lo ocurrido sea esclarecido y que, de corresponder, intervengan las autoridades, la familia atraviesa ahora la parte más difícil: acompañar a unos niños que criaron a Panchita desde pequeña y que hoy deben afrontar su ausencia.






