La evolución de los ingresos previsionales exhibe una marcada asimetría interna. El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) publicó un relevamiento que pone de manifiesto cómo la inflación y los esquemas de actualización vigentes impactaron de forma dispar según el rango de haberes. De acuerdo con el documento técnico, los beneficiarios ubicados en las escalas superiores lograron ganarle la carrera a los precios, en tanto que las franjas más vulnerables registran un retroceso persistente.
En abril de 2026, los pasivos que perciben ingresos equivalentes a tres haberes mínimos consolidaron una mejora real del 7,8% en comparación con el poder de compra que poseían al inicio de la actual administración. En la vereda opuesta, aquellos que cobran la jubilación mínima complementada con el bono de $70.000 acumularon una contracción del 10,3% en su capacidad de consumo durante el mismo período, quedando relegados a pesar de la vigencia de los aumentos mensuales indexados.
Esta distorsión estructural responde de forma directa a la licuación del refuerzo extraordinario. Al mantenerse fijo el valor nominal del bono, el proceso inflacionario erosiona su poder de compra real mes a mes, deprimiendo el ingreso consolidado de quienes dependen críticamente de ese extra para cubrir la canasta básica.
Las cifras de la brecha previsional
Para dimensionar el desfasaje, el IARAF tradujo estos porcentajes a valores monetarios concretos de la economía actual:
Haberes altos (tres mínimas): Para conservar el mismo patrón de compra que al inicio del período analizado, este sector requería percibir un ingreso de $1.058.762. Sin embargo, en el mostrador de cobro percibieron de forma efectiva $1.140.859, rubricando la tendencia de recuperación.
Haberes mínimos (con bono): El ingreso equivalente actualizado desde noviembre de 2023 tendría que haberse situado en los $502.207. En la práctica, la liquidación real percibida en abril fue de apenas $450.286, formalizando la pérdida del sector.
El análisis de largo plazo y el daño acumulado
Por su parte, el economista Nadin Argañaraz aportó una perspectiva histórica al debate previsional, advirtiendo que los análisis de coyuntura inmediata suelen matizar una caída que reviste carácter estructural y se arrastra desde hace casi una década.
Al calcular el retroceso histórico acumulado entre 2017 y abril de 2026, el informe arrojó pérdidas multimillonarias para ambas categorías. Un jubilado con un ingreso de tres haberes mínimos resignó en el camino el equivalente a 26,1 mensualidades de aquel año, lo que representa un perjuicio de $51,6 millones a valores del presente. Para quien se encuentra en la base de la pirámide previsional, el descuento histórico equivale a 17,3 prestaciones de 2017, traduciéndose en un bache de $11,4 millones actuales.
El estudio concluye que el congelamiento del bono en los $70.000 desvirtúa el espíritu de la nueva fórmula de movilidad. Aunque la desaceleración de la inflación permite que el haber previsional propiamente dicho empiece a recomponerse, el estancamiento del refuerzo actúa como un lastre que impide que la estabilización de los precios se traduzca en un alivio real para la clase pasiva de menores recursos.






