La Federación de Fútbol de Irán puso en duda su participación en el próximo Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. El presidente de la entidad, Mehdi Taj, elevó un pedido formal a la FIFA para obtener garantías de seguridad y "respeto absoluto" hacia su delegación, advirtiendo que, de lo contrario, el equipo nacional podría regresar a su país en plena competencia.
La solicitud surge tras denuncias de incidentes previos en territorio norteamericano. Taj subrayó la necesidad de evitar situaciones similares a las vividas durante el Congreso de la entidad madre del fútbol en Toronto, donde denunció maltratos. Por este motivo, se espera una reunión clave en Zúrich con Gianni Infantino para definir la presencia del conjunto asiático en la cita máxima.
Desde la FIFA, el mensaje de su presidente ha sido conciliador, afirmando que el fútbol debe unir al mundo y confirmando que la delegación tiene su lugar asegurado. Sin embargo, la tensión política entre Irán y Estados Unidos añade una capa de complejidad, especialmente en lo que respecta a las políticas migratorias y la emisión de visas para los dirigentes federativos.
Tensión política y restricciones de visas
El contexto diplomático actual, marcado por conflictos recientes y treguas frágiles, influye directamente en la logística deportiva. Si bien el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, aseguró que los futbolistas no tendrán inconvenientes para ingresar a las sedes de Santa Clara y Seattle, aclaró que podrían existir restricciones para integrantes de la federación con vínculos directos con organismos militares.
En el plano estrictamente deportivo, el seleccionado iraní logró su clasificación tras liderar el Grupo A en las Eliminatorias asiáticas. De confirmarse su participación, integrará el Grupo G junto a Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto, buscando superar la fase de grupos en un clima de alta sensibilidad internacional.






