El escenario político nacional exhibe un cambio de tendencia que genera optimismo en los despachos de la Casa Rosada y en los mercados financieros. Luego de varios meses marcados por un retroceso en los indicadores de aprobación popular, una serie de estudios privados de opinión pública revelaron un marcado repunte de la imagen presidencial de Javier Milei, impulsado principalmente por la consolidación de una inflación inferior al 2% mensual y una paulatina recomposición de los ingresos reales.
Los números del optimismo y el desplome de la oposición
El informe de la consultora internacional Atlas Intel, uno de los monitoreos más seguidos por inversores de Wall Street, ratificó el alivio gubernamental. El documento, difundido en las últimas horas, coincide de forma directa con el Índice de Confianza del Consumidor elaborado por Poliarquía junto a la Universidad Torcuato Di Tella. Este último indicador registró en junio su segunda mejora consecutiva con un salto del 6,4%, lo que representa el mayor incremento mensual para la gestión desde noviembre pasado.
En contrapartida, las encuestas reflejan un fuerte deterioro de los principales referentes del kirchnerismo y de la oposición dura, lo que le permite al oficialismo despejar el horizonte político. Con estos números sobre la mesa, la administración de la Libertad Avanza busca consolidar el frente macroeconómico para transitar el año electoral con la menor cantidad de sobresaltos posibles.
El impacto de las crisis previas y el frente financiero
Esta recuperación de la confianza social llega tras un bache complejo para el Gobierno. La aceleración inflacionaria experimentada durante los primeros meses del año, sumada al escándalo que derivó en el recambio de piezas en el gabinete nacional —con la eyección de funcionarios clave de la primera hora—, habían erosionado de forma visible el crédito político de la gestión.
Sin embargo, el drástico descenso en la velocidad de los precios minoristas operó como un bálsamo para el humor social. La estabilización de los mercados cambiarios y los primeros signos de reactivación en el consumo minorista volvieron a aceitar las expectativas económicas positivas, traduciéndose en una bocanada de aire fresco para las aspiraciones políticas del jefe de Estado.






