La columna de discapacidad de LV11 también tuvo su espacio en la Feria del Libro y esta vez permitió acercar a la audiencia una experiencia que fue mucho más allá de hablar de inclusión.
El periodista de Nuevo Diario Juan Pablo Santillán, encargado habitualmente del segmento, llegó al estudio de ADN de Radio acompañado por Mauro Videla, integrante del Centro Educativo Integral para Personas con Discapacidad Visual San Juan Pablo II.
Mauro no solamente visitó la Feria: forma parte de quienes atienden el stand del establecimiento y muestran a los visitantes, desde su propia experiencia, cómo funciona el braille y cuáles son las herramientas que permiten ganar autonomía cuando se vive con discapacidad visual.
Una experiencia con el braille abierta a todos
El CEI llegó a la Feria con una propuesta interactiva.
En su stand pueden encontrarse juegos, computadoras, teléfonos y bibliografía en braille, además de diferentes actividades para comprender cómo se utiliza este sistema de lectoescritura.
La propuesta no está dirigida únicamente a personas ciegas o con baja visión.
Quienes pueden ver también tienen la posibilidad de acercarse, experimentar y aprender algunas nociones básicas que permitan mejorar la comunicación.
Una de las actividades ofrece incluso la posibilidad de descubrir cómo se escribe el propio nombre en braille y llevarse una tarjeta con esa impresión.
“Traemos la experiencia del braille para leerlo, escribirlo y que lo puedan entender con un simple juego”, explicó Mauro.
Visibilizar y llegar a quienes todavía no conocen el CEI
Detrás de la propuesta existe también otro objetivo: hacer visible el trabajo que realiza la institución y alcanzar a personas con discapacidad visual que todavía desconocen que cuentan con ese espacio.
Mauro destacó que el servicio es gratuito y contó que el CEI trabaja desde la integración con los más pequeños hasta jóvenes, adultos y adultos mayores.
También mencionó experiencias como los “desayunos a ciegas” y “almuerzos a ciegas”, pensadas para acercar a otras personas a situaciones cotidianas atravesadas desde una perspectiva diferente.
“No sabía que existía”
La charla tomó un tono especialmente personal cuando Santillán le preguntó a Mauro cómo había sido su proceso de adaptación.
Tiene 45 años y contó que perdió la visión hace aproximadamente seis años, pero recién durante este año llegó al CEI.
La razón fue sencilla: no sabía que existía.
“Cuando me dijeron que existía, vine y, no quiero con esto ser fanático, pero fue amor a primera vista”, relató.
Destacó el acompañamiento que encontró entre docentes, directivos y trabajadores de la institución y reconoció que allí volvió a sentirse parte de un espacio.
“Somos ciegos, nada más”
Fue entonces cuando Mauro dejó una de las reflexiones más fuertes de la entrevista.
Habló de la invisibilización que todavía percibe alrededor de las personas ciegas y cuestionó las ideas que pueden asociar una discapacidad con la imposibilidad de desarrollar una vida cotidiana.
“Los ciegos somos seres humanos, sentimos, y somos ciegos y no tontos”, expresó.
Y agregó: “Somos ciegos, nada más, simple y sencillo. Nuestra vida es normal, igual que la de todos ustedes”.
De encerrarse a volver a salir con su bastón
Mauro contó que, después de perder la visión, atravesó un período en el que prácticamente había condicionado sus salidas a la presencia de otra persona.
“Yo me había encerrado en ‘si no salgo con alguien, no salgo’”, recordó.
Su llegada al CEI le permitió comenzar a trabajar nuevamente sobre su autonomía.
Con el bastón y herramientas de orientación empezó a recuperar actividades tan cotidianas como ir a hacer una compra, visitar a un vecino, tomar mate o acercarse hasta una plaza.
“Cosas que para ustedes son normales, para nosotros son un poquito más difíciles, pero no imposibles”, explicó.
También señaló que una persona ciega puede realizar manualidades y utilizar computadoras, televisores y teléfonos, apoyándose en herramientas tecnológicas que muchas veces pasan inadvertidas para quienes no las necesitan.
“Somos humanos útiles, no somos inútiles”
A partir de su propia experiencia, Mauro pidió mayor empatía social, no solamente hacia las personas ciegas sino hacia quienes atraviesan diferentes tipos de discapacidad.
“Somos humanos útiles, no somos inútiles”, remarcó.
La conversación también puso sobre la mesa aquellas barreras cotidianas que pueden dificultar la autonomía, desde obstáculos en las veredas hasta conductas que no contemplan las necesidades de otras personas.
Un mensaje para quienes tienen miedo de volver a salir
El mensaje final estuvo especialmente dirigido a otras personas con discapacidad visual que todavía no se animan a acercarse al CEI, ya sea por desconocimiento, miedo o vergüenza.
Mauro las invitó a conocer la institución, observar cómo se desenvuelven otros alumnos y descubrir las posibilidades que existen para recuperar independencia.
Explicó que dentro del establecimiento se los impulsa a desplazarse de manera autónoma, mientras los docentes acompañan el proceso y brindan seguridad.
“Ver un grupo de personas que no ven manejarse con tanta libertad en un colegio” puede ser, sostuvo, el primer impulso para animarse a intentarlo.
El stand continuará durante la Feria
El espacio del CEI permanecerá en la Feria del Libro hasta el domingo, con una dinámica que combina la presencia de docentes y alumnos.
Los integrantes se van turnando para que diferentes estudiantes puedan participar activamente y ser ellos mismos quienes expliquen su experiencia a los visitantes.
La propuesta permite conocer el braille, jugar, preguntar y acercarse a una realidad que muchas veces se observa desde afuera.
Y la participación de Mauro en la columna de Juan Pablo Santillán dejó una idea todavía más sencilla: la inclusión también empieza cuando se deja de pensar únicamente en lo que una persona no puede hacer y se comienza a mirar todo aquello que sí puede hacer por sí misma.






