Por Ariel Sequeira
En la organización económica de todo Estado, el llamado mercado laboral, es decir su situación en materia de desocupación, representa un dato esclarecedor para evaluar la marcha de cualquier gestión en función de gobierno. Hoy por hoy el dato que enciende todas las alarmas expone que 7 de cada 10 empresas ya despidieron trabajadores en 2026. Una encuesta privada informó que del total de las empresas en funciones, más de la mitad -67 por ciento- habría realizado despidos durante los primeros seis meses del año. Hasta el día de hoy se perdieron casi 130 mil empleos registrados en el ámbito privado en los últimos doce meses del año. Aunque el dato más inquietante muestra que la industria argentina tiene más del 40 por ciento de su capacidad productiva ociosa.
Volviendo al mercado laboral argentino, todos los indicadores son más elocuentes porque muestran sin tapujos la fragilidad del sistema “anarco-libertario”. Por un lado el empleo privado registrado sigue en una pendiente descendente, difícil de amesetar. A lo que se debe sumar lamentablemente la caída de la actividad industrial en general. Es en ese marco que siete de cada diez empresas vienen realizando despidos, sin que se avizore una mejora en ese sentido. Los datos expuestos surgen de un trabajo de relevamiento llevado a cabo por la plataforma de empleo Bumeran, para el medio Mundo Gremial.
¿Qué aducen las empresas? La principal excusa para justificar los despidos sería la reducción de costos, además de los recurrentes procesos de reorganización interna y reestructuración de las compañías, según argumentan. Todo es un callejón sin salida. La industria nacional languidece por la apertura indiscriminada de las importaciones, entre otras cosas. El comercio sigue mes a mes a la baja, cada vez se vende menos, porque los salarios son desastrosos. Con menos ventas menos recaudación. Las fábricas echan empleados, los comercios despiden, los salarios siguen sin ninguna recomposición. Con más gente en la calle, los contribuyentes obviamente son menos. El esquema es claro y desemboca en una recesión insoslayable. Para algunos analistas el país se dirigiría hacia una quiebra.
Una última reflexión: La economía de un país no cierra solo con equilibrar las cuentas. El déficit cero nunca debió ser meta, la Argentina no es una empresa, es un Estado y con esa premisa vale preguntarse, para alcanzar a entender cuál es el verdadero objetivo de cualquier gestión en funciones al frente de un país: ¿Se gobierna sólo con un objetivo financiero o se gobierna para garantizar la calidad de vida de las personas? De ahí que la salud, la educación, la seguridad deban constituirse en políticas de Estado.
Vale otra pregunta: ¿Está bien endeudarse para garantizar la calidad de vida de las personas? Sí, porque hasta ahora la Nación ha tomado una deuda monstruosa, sólo para saldar los compromisos generados por el macrismo hace ocho años durante el gobierno del PRO. Entonces, si está bien tomar deuda sólo para satisfacer la voracidad de los bancos internacionales, cómo no estaría justificado tomar préstamos para atender la salud, la educación y la seguridad.






