La fractura expuesta dentro del justicialismo nacional sumó un capítulo de altísima tensión doctrinaria. El sector más extremo del cristinismo endureció su discurso de cara al armado electoral del año próximo, ratificando de forma tajante que la única candidatura presidencial legítima para el peronismo es la de Cristina Kirchner, descalificando en paralelo cualquier proyección alternativa.
La disputa interna rompió los límites habituales cuando el diputado provincial de La Cámpora, Facundo Tignanelli, trazó un paralelismo histórico y comparó a Axel Kicillof con Augusto Vandor, el dirigente metalúrgico acusado de traición y asesinado en 1969 tras impulsar un "peronismo sin Perón". Desde la mesa chica de Máximo Kirchner acusan al mandatario bonaerense de intentar edificar un "kirchnerismo sin Cristina".
La embestida discursiva se replicó en distintas terminales del espacio ultra K. La diputada nacional Lucía Cámpora también apuntó contra el gobernador de Buenos Aires al cuestionar la falta de determinación de ciertos sectores frente a las corporaciones, mientras ratificó que la exmandataria es la única figura de la oposición que continúa registrando un crecimiento sostenido en los sondeos de opinión pública.
La advertencia de una ruptura y el planteo de "Cristina libre"
El núcleo duro del Instituto Patria comenzó a blindar una postura inflexible que amenaza la unidad del movimiento a escala federal. Voces de peso dentro del camporismo, como la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, sintetizaron la estrategia bajo la consigna de "Cristina Libre y Kirchner para la Argentina", exigiendo un postulante puro que no responda al establishment económico.
Desde las filas de la militancia dura sostienen que un proceso democrático o un eventual gobierno de signo opositor carecerá de validez institucional si la expresidenta permanece confinada por las causas judiciales. "Va a ser un candidato trucho el que esté el año que viene, porque ella está proscripta. Es una democracia inconclusa si ella está presa", había advertido en sintonía el exsecretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli.
El reproche unánime hacia Kicillof radica en el distanciamiento político que mantiene desde fines del año pasado, lo que le valió ser calificado por el propio Máximo Kirchner como "un candidato por default". En tanto, las demás corrientes internas del Partido Justicialista observan con un hartazgo creciente las exigencias del ala dura, lo que agrava la parálisis en la mesa de negociaciones partidarias.






