Un material que durante años terminó en la basura ahora puede convertirse en materia prima para fabricar nuevos productos. Una empresa italiana desarrolló un sistema que permite recuperar la celulosa de los soportes utilizados en las etiquetas de botellas y otros envases, mediante un procedimiento que separa las fibras de papel de la silicona y las tintas que dificultan su reciclaje.
La innovación representa una alternativa para aprovechar residuos industriales que tradicionalmente resultaban complicados de procesar y que, en muchos casos, terminaban depositados en vertederos.
Detrás de esta iniciativa se encuentra LCI (Lavorazione Carta Riciclata Italiana), una compañía dedicada a la recuperación y comercialización de papel usado, que actualmente desarrolla actividades en Italia, España y el Reino Unido.
Según los datos difundidos por la empresa, su operación alcanza la recolección de aproximadamente 610.000 toneladas de papel al año en Italia y otras 90.000 toneladas en España.
Estas cifras corresponden al volumen general de papel recolectado por la compañía y no exclusivamente al material recuperado de las etiquetas de botellas.
El director general de LCI, Marco Silvestri, explicó al medio italiano DIFEmagazine cómo surgió el proyecto y de qué manera la innovación tecnológica permitió ampliar las posibilidades de reutilización de materiales que antes tenían un destino limitado.
Cómo funciona el sistema que recupera el papel de las etiquetas
Uno de los principales desafíos de la industria del reciclaje está relacionado con los soportes siliconados que se utilizan para proteger la parte adhesiva de determinadas etiquetas.
Este material es habitual en los procesos industriales de etiquetado, por ejemplo, en la producción de botellas de vino y otros envases.
Una vez colocada la etiqueta sobre el producto, el papel que servía como soporte se retira y queda como residuo.
El inconveniente es que contiene una fina capa de silicona que dificulta su tratamiento mediante los métodos tradicionales de reciclaje.
Para encontrar una solución, la compañía comenzó a trabajar con Rafcycle, un proyecto impulsado en 2011 por UPM Raflatac para recuperar estos materiales y reincorporarlos a los procesos productivos.
El procedimiento permite separar las fibras de celulosa de otros componentes, como la silicona y las tintas, mediante un tratamiento semejante al utilizado para eliminar la tinta del papel impreso.
Silvestri describió el funcionamiento como una especie de “lavadora” industrial, capaz de separar los distintos elementos y conservar las fibras aprovechables.
Una vez recuperada, la celulosa puede volver a utilizarse en la fabricación de etiquetas y otros artículos de papel.
De esta manera, un residuo que anteriormente representaba un problema para las empresas puede transformarse en un recurso para nuevas actividades industriales.
La compañía también busca ampliar esta modalidad mediante una segunda cadena de recolección denominada Resily, que se incorporaría a las alternativas existentes.
El objetivo es aumentar la cantidad de materiales recuperados y facilitar que más fábricas europeas puedan aprovechar estas fibras en sus procesos de producción.
Una industria que recupera miles de toneladas y busca expandirse
La historia de LCI comenzó en 2007, a partir de una asociación entre el grupo papelero finlandés UPM-Kymmene Oyj y la empresa alemana Rowe GmbH.
En sus primeros años, el propósito principal era recuperar papel usado para abastecer a las fábricas del grupo y comercializar los excedentes en otros mercados.
Sin embargo, el negocio fue creciendo y diversificándose.
Actualmente, según explicó Silvestri, apenas el 10% de los materiales recolectados tiene como destino las fábricas de UPM, mientras que el 90% restante se comercializa con clientes externos.
La compañía también amplió su presencia internacional mediante operaciones en España y su llegada al Reino Unido en 2022.
Su actividad comprende la recuperación de cartón y más de 40 variedades de papel, lo que la posiciona entre las principales empresas italianas dedicadas a este sector.
En cuanto a los destinos comerciales, aproximadamente el 12% de su producción se vende en Italia, el 30% se exporta hacia otros países europeos y el resto se dirige principalmente a mercados asiáticos.
No obstante, el comportamiento de la demanda internacional comenzó a modificarse.
“Hasta 2020 predominaban las exportaciones a Asia; hoy Europa está incrementando gradualmente su uso de papel reciclado”, explicó el directivo.
Este cambio responde, entre otros factores, a una mayor necesidad de materia prima recuperada por parte de las industrias europeas.
Al mismo tiempo, Silvestri advirtió que los elevados costos energéticos representan una dificultad para las empresas italianas, que deben competir con productores de otros países.
Frente a ese escenario, LCI busca fortalecer sus operaciones internacionales y ampliar sus oportunidades comerciales.
“Nuestro próximo objetivo es expandir nuestra filial en el Reino Unido”, adelantó el empresario, quien también mencionó la posibilidad de ingresar al mercado estadounidense en el futuro.
Más allá de su crecimiento empresarial, el desarrollo de nuevas tecnologías de recuperación permite abordar uno de los desafíos centrales de la economía circular: reducir la cantidad de residuos que se descartan y aprovechar materiales que todavía pueden tener una utilidad industrial.
El caso de las etiquetas demuestra que incluso los componentes más difíciles de reciclar pueden encontrar nuevas aplicaciones cuando se desarrollan procesos adecuados para separarlos y recuperar sus materias primas.






