En la provincia de Teruel, España, se desarrolla una de las historias más impactantes de resistencia rural y éxodo demográfico. Martín Colomer y Sinforosa Sancho permanecieron durante más de 40 años como los únicos habitantes de La Estrella, una pedanía perteneciente al municipio de Mosqueruela.
El poblado había alcanzado una población de cerca de 300 vecinos durante la década de 1940. Sin embargo, la búsqueda de empleo, el acceso a servicios de salud, escuelas y mejoras de conectividad empujaron a las familias a migrar hacia grandes urbes, dejando tras de sí un pueblo fantasma.
Autosuficiencia y vida en la montaña
Sinforosa, oriunda de La Estrella, y Martín, nativo de una masía cercana en Castellón, decidieron criar a su hijo y sostener su cotidianeidad en la vivienda familiar a pesar del paulatino vaciamiento del paraje montañoso.
La subsistencia requirió de un gran esfuerzo de adaptación: durante décadas carecieron de agua corriente y debieron instalar placas solares para contar con energía eléctrica. La pareja obtenía agua de una fuente natural, producía hortalizas en su huerta y criaba animales de granja para abastecerse.
Símbolo de la España vaciada
Con el correr de los años, las rutinas se repartieron entre las tareas de mantenimiento que realizaba Martín —quien se encargaba del aprovisionamiento en localidades vecinas— y el cuidado del corral a cargo de Sinforosa.
La persistencia del matrimonio convirtió a La Estrella en una referencia icónica del fenómeno de despoblación rural que afecta a diversas regiones europeas, reflejando el arraigo a la tierra originaria pese al aislamiento total.





