El detrás de escena de una de las figuras más icónicas del espectáculo argentino quedó al descubierto. Durante su estadía en Miami, donde se encuentra realizando la cobertura del Mundial 2026 para el canal de streaming Blender, Martita Fort mantuvo un extenso diálogo con el influencer Tomás Mazza. En un mano a mano relajado, la joven abordó diversos aspectos de su historia personal y decidió hablar con absoluta sinceridad sobre la orientación sexual de su padre, Ricardo Fort, derribando las especulaciones que marcaron la carrera mediática del empresario chocolatero.
La influencer fue tajante al explicar que los debates que se generaban en los programas de televisión de la época nunca se replicaron en el seno del hogar. De acuerdo con su testimonio, tanto ella como su hermano Felipe Fort crecieron bajo una dinámica familiar transparente y con total naturalidad: "Mi papá siempre fue gay", sentenció sin rodeos, agregando un dato que ilustra la crianza de ambos desde la primera infancia: "Supimos primero lo que era una pareja homosexual que una hetero".
El proceso de subrogación y la verdad detrás de las parejas televisivas
En el orden jerárquico de las revelaciones, Martita ponderó la honestidad con la que se manejaron desde siempre en su casa, detallando que desde muy chicos comprendieron a la perfección el proceso de gestación subrogada a través del cual nacieron y la particularidad de criarse sin una figura materna. Sin embargo, el punto más llamativo de su descargo estuvo vinculado al rol que jugaban las mujeres que el millonario presentaba públicamente como sus novias oficiales, entre las que se encontraban Virginia Gallardo, Érika Mitdank y Claudia Ciardone.
"Era una estrategia de exposición mediática. Mi papá contrataba chicas para, literalmente, darse un pico en cámara", reveló Martita Fort al diferenciar la realidad familiar de la ficción televisiva.
Al respecto, la joven aclaró que en el ámbito privado ninguna de esas mujeres fue introducida como una pareja real. Explicó que el armado de esos romances ficticios respondía exclusivamente a exigencias del show y de la imagen que el empresario buscaba proyectar ante el público. Lejos de los flashes y las polémicas de los estudios de televisión, una vez que se apagaban los reflectores, Ricardo Fort regresaba a su residencia habitual para compartir su vida cotidiana con quien era su compañero sentimental de turno, resguardando la verdadera intimidad de sus hijos.






