El horizonte para el entramado productivo nacional se torna cada vez más complejo. El economista y director ejecutivo de Industria y Desarrollo, Diego Coatz, trazó una radiografía crítica sobre la actualidad manufacturera y proyectó que el año 2026 concluirá con una contracción del 1,5% en la actividad industrial, arrastrada por el desplome del consumo interno y variables globales desfavorables.
Los indicadores técnicos que maneja el sector privado exponen el alcance del parate: las fábricas operan con niveles de capacidad instalada que no logran perforar el techo del 60%. Esta parálisis fabril se tradujo, en el último año, en la supresión de 42 mil puestos laborales registrados de manera directa.
Al analizar la cadena de valor completa, Coatz precisó el impacto social de la recesión: “Si uno unifica el empleo directo con el indirecto, estamos casi 75 mil puestos abajo en la comparación interanual. Esto significa, en términos fácticos, que la economía está destruyendo nueve empleos por hora”, puntualizó.
El avance de la informalidad laboral
Esta degradación del mercado formal repercute de manera directa en la sustentabilidad de los ingresos de los sectores medios. Frente a la ausencia de señales de reactivación en el corto plazo, las pequeñas y medianas empresas se ven acorraladas por una dinámica de precarización.
El especialista graficó este proceso de deterioro mediante una analogía preocupante: “La Argentina corre el riesgo de consolidar la trampa estructural latinoamericana, donde un sector informal caracterizado por bajas remuneraciones y escasa productividad opera como un 'Pacman', absorbiendo y destruyendo progresivamente al empleo registrado”.
El impacto del excedente de China y el comercio informal
Al complejo escenario doméstico se le añade una fuerte presión internacional. Según especificó el titular de Industria y Desarrollo, la desaceleración global generó una sobreproducción en China. Al encontrarse con barreras arancelarias rígidas en los Estados Unidos y la Unión Europea, estos excedentes de mercadería son derivados hacia América Latina a valores de liquidación.
Esta corriente de bienes importados ingresa en un contexto de vulnerabilidad macroeconómica local, resultando una competencia asimétrica para el empresariado nacional. “Con una paridad cambiaria que abarata la importación y márgenes de control aduanero que resultan permeables, proliferan canales informales que comercializan productos evadiendo tributos. En esa lógica, una pyme que sostiene personal en blanco carece de herramientas para competir”, argumentó de forma tajante.
Equilibrio fiscal sin dinamismo económico
Para concluir su evaluación, Coatz diferenció las metas financieras del Gobierno de la realidad que atraviesan los sectores productivos. Si bien ponderó la búsqueda del orden fiscal y la estabilidad macroeconómica como metas valiosas, advirtió que estos logros carecen de solidez si no están acompañados por un proceso de desarrollo. “Los equilibrios fiscales vigentes se están sosteniendo sin crecimiento”, apuntó, remarcando la urgencia de reactivar motores tradicionales de mano de obra intensiva, como la construcción y el comercio local, para que la estabilización empiece a reflejarse en los ingresos de la población.






