El costo de mantener y asegurar el desarrollo integral de un hijo en la Argentina volvió a exhibir una tendencia alcista que enciende luces de alerta en los presupuestos familiares. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la denominada canasta de crianza experimentó un incremento de hasta el 3,5% durante el mes de abril. El guarismo cobró especial relevancia debido a que superó la tasa de inflación oficial para el mismo período, la cual se ubicó en el 2,6%.
Este desfasaje estadístico impactó de manera directa en las categorías más sensibles de la estructura familiar, afectando principalmente los gastos indispensables destinados a recién nacidos, bebés y niños de hasta tres años de edad. Mientras la administración nacional destaca la desaceleración del Índice de Precios al Consumidor (IPC) —que acumuló un 12,3% en el primer cuatrimestre y un 32,4% interanual—, el rubro específico de la niñez avanzó a un ritmo acelerado, ensanchando la brecha de vulnerabilidad.
Para confeccionar este indicador de alcance federal —utilizado frecuentemente por los tribunales de familia de Santiago del Estero para fijar cuotas alimentarias—, el organismo estatal combina dos variables técnicas fundamentales. Por una parte, evalúa el costo de la Canasta Básica Total (CBT), que abarca requerimientos de alimentación, vestimenta, transporte, educación, salud y vivienda. Por otra parte, computa el "tiempo teórico requerido de cuidado", asignándole un valor monetario basado de forma directa en las escalas salariales de la categoría "Asistencia y cuidado de personas" del régimen de trabajadoras de casas particulares.
No obstante, el indicador actual no se encuentra exento de controversias en el ámbito macroeconómico. Diversos especialistas y analistas del sector señalaron con preocupación que el Poder Ejecutivo mantuvo sin modificaciones la estructura conceptual de los servicios de la canasta, cuya base de medición original se remonta al año 2004. Las críticas apuntan a que esta rigidez metodológica impide capturar de manera fidedigna las transformaciones en los patrones de consumo modernos, lo que podría generar que los montos estimados queden rezagados respecto al costo de vida real que afrontan cotidianamente los hogares del país.






