¿Cómo sería sentarse a almorzar sin poder ver dónde están los cubiertos, el vaso o la comida? Esa fue la experiencia que vivieron alrededor de 100 personas durante la séptima edición del tradicional almuerzo a ciegas organizado por el Centro Educativo Integral N° 50 para personas con discapacidad visual, en Santiago del Estero.
La propuesta fue uno de los temas centrales de la columna sobre discapacidad que Juan Pablo Santillán presenta todos los martes en ADN de Radio, por Radio LV11.
En esta oportunidad, el periodista estuvo acompañado por Alejandra Ayunta, vicedirectora de la institución, y Romina Díaz, profesora, quienes compartieron detalles de la actividad y reflexionaron sobre la inclusión, la autonomía y las dificultades que atraviesan muchas personas con discapacidad visual.
La entrevista también permitió conocer el trabajo cotidiano de una escuela que actualmente cuenta con 140 alumnos inscriptos, desde bebés de 45 días hasta adultos mayores.
Un almuerzo a ciegas que ya lleva siete ediciones
Ayunta recordó que la iniciativa comenzó hace siete años, con el propósito de visibilizar el trabajo institucional y generar mayor empatía en la comunidad.
“Hace siete años atrás comenzamos soñando con poder visibilizar el trabajo y buscar empatía”, expresó.
Según relató, la primera edición reunió a unos 30 comensales, mientras que la más reciente alcanzó aproximadamente los 100 participantes.
La experiencia consiste en compartir un almuerzo con los ojos cubiertos, bajo la orientación de docentes formados en discapacidad visual.
Desde el ingreso, los invitados reciben un antifaz y un bastón, además de indicaciones para desplazarse hasta las mesas.
Una vez ubicados, los profesores les explican cómo reconocer la disposición de los cubiertos, los vasos, la panera y los alimentos.
Durante cerca de dos horas, los participantes deben recurrir a otros sentidos y seguir distintas técnicas para desenvolverse.
Al finalizar, pueden retirarse el antifaz y compartir sus impresiones.
“Buscamos que los comensales, por el espacio de esas dos horas, se pongan en el lugar del otro y puedan entender cómo vive una persona ciega a la hora de algo tan simple como servirse un vaso de agua”, explicó Ayunta.
La vicedirectora destacó que los participantes pueden convertirse en multiplicadores de la experiencia dentro de sus familias, trabajos y círculos sociales.
La actividad contó con invitados de diferentes ámbitos, entre ellos autoridades, representantes de instituciones educativas, periodistas y alumnos del propio centro.
Una experiencia para reflexionar sobre la autonomía
Las docentes explicaron que el objetivo del almuerzo no es solamente generar una vivencia diferente, sino también dar a conocer las técnicas que permiten a las personas con discapacidad visual realizar actividades cotidianas.
Ayunta señaló que, cuando una persona pierde la visión durante la juventud o la adultez, puede necesitar aprender nuevas formas de desarrollar tareas que antes realizaba automáticamente.
Entre los ejemplos mencionó afeitarse, maquillarse, preparar alimentos y desplazarse.
“En el caso de la persona que queda ciega es reaprender todo lo que ya se había incorporado, con técnicas distintas”, explicó.
La institución trabaja precisamente para que sus alumnos puedan desarrollar mayor independencia y fortalecer sus habilidades sociales.
Las docentes remarcaron que la discapacidad visual no significa que una persona deba renunciar a sus actividades, sino que puede requerir herramientas, apoyos y estrategias diferentes.
Una muestra educativa por el Día del Bastón Blanco
Además del almuerzo, el CEI N° 50 desarrolló una muestra pedagógica interactiva en el Fórum, como parte de las actividades vinculadas con el Día del Bastón Blanco.
Romina Díaz explicó que durante la jornada recibieron la visita de estudiantes de otras instituciones educativas.
Los alumnos del centro presentaron actividades deportivas, entre ellas el goalball, una disciplina adaptada para personas con discapacidad visual.
También compartieron talleres de braille y de actividades de la vida diaria.
“Hemos mostrado lo que hacemos en la escuela, los talleres de braille, talleres de actividades de la vida diaria. Todo es para que la gente conozca cómo trabajamos nosotros en la institución”, señaló.
Las docentes destacaron la importancia de acercar estas experiencias a las nuevas generaciones para derribar prejuicios y construir una comunidad más inclusiva.
“Hay alumnos que dicen que no les alcanza para la cena”
Uno de los momentos más sensibles de la entrevista llegó cuando las docentes hablaron sobre las dificultades económicas que atraviesan algunas familias.
Ayunta reconoció que la institución no es ajena a la situación que viven las personas con discapacidad en el país.
“Hay alumnos que dicen que no les alcanza para la cena, o que la última comida es el desayuno, el almuerzo de nuestra institución y una merienda-cena, y se termina”, relató.
También mencionó casos de personas que tienen dificultades para afrontar el costo de sus medicamentos.
Frente a esta realidad, explicó que la escuela cuenta con el acompañamiento del Centro Amigos del Ciego, que colabora con distintas necesidades, como medicamentos y mercadería.
Además, reciben donaciones de comercios, familiares y vecinos.
Las docentes agradecieron especialmente a quienes aportan alimentos para el desayuno y otros elementos necesarios para el funcionamiento cotidiano.
“Algo tan simple como un kilo o dos kilos de pan a nosotros nos suma”, destacaron.
Salir de la escuela y compartir experiencias
Romina Díaz explicó que uno de los objetivos del trabajo con adultos es promover actividades fuera de la institución.
Entre las propuestas mencionó salidas a bares y desayunos grupales, que permiten fortalecer la autonomía y las relaciones sociales.
Como estas actividades tienen un costo, los propios alumnos participan en la elaboración de productos como pan casero y pizzetas, que luego venden para reunir fondos.
“Entendemos la situación económica de ellos, pero no por eso queremos quedarnos encerrados solamente adentro de la escuela, sino salir afuera”, expresó.
Las docentes también destacaron la colaboración de organizaciones solidarias que realizan talleres y actividades recreativas.
Estas experiencias permiten que los alumnos compartan momentos con sus compañeros y desarrollen mayor confianza para desenvolverse en distintos espacios de la comunidad.
Una escuela que acompaña desde los 45 días hasta la adultez
Durante la entrevista, las invitadas confirmaron que el CEI N° 50 tiene actualmente 140 alumnos inscriptos, con edades que van desde los 45 días de vida hasta la adultez mayor.
Díaz explicó que, en los últimos años, aumentó la cantidad de personas que se acercan a la institución.
También señaló que algunos adultos que perdieron la visión demoran en buscar acompañamiento por miedo, vergüenza o desconocimiento.
Por eso, aprovechó el espacio radial para invitarlos a conocer las actividades del centro.
“Hay muchas personas con discapacidad visual que no asisten a la escuela. Entonces, invitarlos a que se acerquen, que no tengan miedo”, manifestó.
La profesora explicó que allí pueden aprender técnicas de orientación, movilidad, uso del bastón y actividades de la vida diaria.
Además, encuentran un espacio para relacionarse con personas que atraviesan experiencias similares.
“Una vez que llegan a la escuela ya no quieren salir de ahí porque se notan con más autonomía para hacer muchas cosas que antes dependían de otro”, afirmó.
“No están solos”: el mensaje de las docentes a la comunidad
Hacia el cierre de la entrevista, las profesionales dejaron un mensaje dirigido tanto a las personas con discapacidad visual como a la sociedad en general.
Romina Díaz pidió que quienes encuentren a una persona con discapacidad visual en la vía pública se acerquen con respeto y consulten si necesita asistencia.
“Que no tengan miedo cuando vean a una persona con discapacidad visual en la calle, que se acerquen, que se presenten, que pregunten qué es lo que necesitan”, expresó.
También remarcó que se trata de personas con los mismos derechos que cualquier otro ciudadano.
Por su parte, Ayunta dirigió unas palabras especialmente a quienes perdieron la visión como consecuencia de una enfermedad u otra circunstancia.
“A aquellas personas adultas o jóvenes que han quedado ciegas por alguna enfermedad, decirles que no están solos”, sostuvo.
La vicedirectora explicó que muchas familias llegan a la institución preocupadas por el aislamiento o la tristeza que experimentan sus seres queridos después de perder la visión.
Sin embargo, destacó que el acompañamiento educativo y el encuentro con otros alumnos pueden ayudar a recuperar la confianza y construir nuevas relaciones.
La séptima edición del almuerzo a ciegas dejó así un mensaje que fue mucho más allá de la experiencia gastronómica: la inclusión se construye con oportunidades, autonomía, respeto y una comunidad dispuesta a derribar barreras.






