La semifinal de este miércoles entre Argentina e Inglaterra no es solo un evento deportivo; para muchos, es una instancia que dispara niveles significativos de ansiedad, estrés y tensión. En este contexto, la licenciada en psicología Daniela Arias subraya la importancia de cuidar la salud mental, diferenciando la pasión saludable de la que comienza a interferir en el bienestar personal.
¿Cuándo la pasión se vuelve un problema?
La especialista aclara que sentir nervios o ilusión es parte de la experiencia cultural del fútbol, pero el límite es claro: “La diferencia aparece cuando dejamos de vivir el fútbol y comenzamos a ser vividos por él”.
Según Arias, es una señal de alerta cuando:
La persona no puede dormir días antes de un partido.
Se descuidan responsabilidades diarias.
Surgen discusiones permanentes con otros.
El bienestar personal depende exclusivamente del resultado.
“No es lo mismo que se acelere el corazón por un partido importante que dejar de comer durante dos días porque no soportamos la incertidumbre”, ejemplifica la profesional, destacando que, en el segundo caso, la emoción comienza a generar un sufrimiento que trasciende el deporte.
Estrategias para regular la ansiedad
Ante el estrés propio de estas instancias mundialistas, Arias propone no “pelearse” con las emociones, sino aprender a reconocerlas. Algunas recomendaciones prácticas incluyen:
Gestión del consumo: Evitar pasar el día saturado de noticias o especulaciones si esto aumenta el nivel de ansiedad.
Técnicas de calma: Realizar respiraciones lentas y enfocarse en el “aquí y ahora”.
Perspectiva: Recordar que el partido dura noventa minutos, pero la vida continúa después del resultado.
Socialización: Compartir el evento con seres queridos ayuda a procesar las emociones de forma más contenida.
El fútbol como “amplificador”
Un punto significativo de su análisis es que el deporte suele actuar como un amplificador de situaciones preexistentes. Las personas con cuadros de ansiedad generalizada o dificultades para tolerar la incertidumbre son quienes suelen vivir estos eventos con mayor intensidad. “El fútbol pone en evidencia recursos emocionales que la persona ya venía necesitando fortalecer”, advierte Arias.
Finalmente, la psicóloga invita a la tolerancia y al respeto por las diferentes formas de vivir el fútbol, recordando que la salud mental implica también aceptar que cada persona procesa la emoción de manera única. Si la intensidad llega a niveles de ataques de pánico o malestar persistente, concluye que la consulta con un profesional es el paso más responsable para retomar el equilibrio.






