Un infarto puede ocurrir sin que la persona se dé cuenta en ese momento y, pese a la ausencia de señales evidentes, provocar un daño permanente en el corazón.
Son los denominados infartos silenciosos, episodios cuyos síntomas pueden ser leves, atípicos o incluso confundirse con situaciones tan cotidianas como cansancio, estrés, acidez o una indigestión.
La problemática forma parte de una realidad sanitaria mucho mayor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares provocan alrededor de 17,9 millones de muertes por año y constituyen la principal causa de fallecimiento a nivel mundial.
Más de cuatro de cada cinco de esas muertes están relacionadas con infartos y accidentes cerebrovasculares.
¿Qué es un infarto silencioso?
Un infarto ocurre cuando el flujo sanguíneo que llega a una parte del músculo cardíaco se reduce o se interrumpe.
Al no recibir suficiente oxígeno, el tejido puede dañarse y posteriormente formar una cicatriz.
La particularidad de un infarto silencioso no es que resulte menos dañino, sino que sus señales pueden ser débiles, poco habituales o no ser reconocidas por quien lo está sufriendo.
“Puede causar el mismo tipo de daño permanente en el músculo cardíaco que un infarto reconocido”, explicó Elsayed Soliman, profesor de medicina cardiovascular de la Facultad de Medicina de la Universidad Wake Forest, en declaraciones recogidas por la American Heart Association (AHA).
Los síntomas que pueden confundirse
El clásico dolor o presión en el pecho puede aparecer, pero no necesariamente se presenta con gran intensidad.
Entre otras posibles manifestaciones se encuentran fatiga inusual, falta de aire, náuseas, mareos, sudoración y dolor en el cuello, mandíbula, espalda o brazos.
Algunas personas pueden interpretar las molestias como acidez, una mala digestión, estrés o simplemente agotamiento.
Esa confusión puede hacer que no se busque asistencia médica durante el episodio y que recién meses o incluso años después se descubra qué ocurrió.
¿Quiénes presentan mayor riesgo?
De acuerdo con la American Heart Association, los factores de riesgo son similares a los asociados con otros tipos de infarto: edad avanzada, diabetes, hipertensión arterial, colesterol elevado, tabaquismo, exceso de peso, enfermedad renal crónica y antecedentes familiares de problemas cardíacos.
La diabetes merece especial atención debido a que el daño nervioso relacionado con la enfermedad puede reducir la percepción de determinadas señales de alarma.
En las mujeres, además, pueden presentarse manifestaciones como cansancio, náuseas, falta de aire o dolor de espalda, síntomas que pueden no asociarse inmediatamente con un problema cardíaco.
El daño puede manifestarse años después
Que el episodio haya pasado inadvertido no significa que no haya provocado consecuencias.
“La ausencia de síntomas no significa ausencia de lesión”, remarcó Soliman.
Según el especialista, un infarto silencioso puede aumentar posteriormente la posibilidad de desarrollar insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y otros problemas cardiovasculares.
Una investigación publicada en 2018 en JAMA Cardiology encontró que, después de diez años, la mortalidad entre adultos mayores que habían atravesado un infarto no reconocido era casi igual a la observada entre quienes habían recibido el diagnóstico durante el episodio.
Otro estudio difundido ese mismo año por el Journal of the American College of Cardiology señaló que las personas con señales de un infarto silencioso presentaban un 35% más de riesgo de insuficiencia cardíaca frente a quienes no tenían antecedentes de lesión en el corazón.
¿Cómo pueden descubrir un infarto ocurrido años atrás?
En muchos casos, el hallazgo aparece de manera inesperada durante un control de rutina o una consulta médica realizada por otro motivo.
El electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón y puede revelar indicios compatibles con una lesión anterior.
El ecocardiograma permite observar mediante ultrasonido si alguna zona del corazón perdió parte de su capacidad de contracción.
La resonancia magnética cardíaca, en tanto, puede proporcionar imágenes todavía más detalladas.
“Permite ver directamente el tejido cicatricial de infartos anteriores”, explicó Soliman.
Esas marcas pueden permanecer visibles durante años y, en algunos casos, durante toda la vida.
Cuándo buscar atención de urgencia
Ante dolor o presión en el pecho, falta de aire u otros síntomas compatibles con un posible infarto, la recomendación es buscar atención médica de emergencia inmediatamente.
Si las molestias ya desaparecieron, pero existe la sospecha de que pudieron estar relacionadas con un episodio cardíaco, corresponde realizar una consulta profesional en lugar de intentar llegar a un diagnóstico por cuenta propia.
El médico podrá analizar los antecedentes y factores de riesgo y determinar si resulta necesario realizar estudios específicos.
La prevención continúa incluyendo hábitos como una alimentación equilibrada, actividad física regular, descanso adecuado, evitar el tabaco y controlar el peso, la presión arterial, el colesterol y la glucosa.
Porque un infarto no siempre se presenta de la manera más conocida: puede pasar inadvertido en el momento, pero las consecuencias y las marcas que deja en el corazón pueden permanecer durante años.






