Una niña residente de la ciudad de Añatuya accedió a estímulos sonoros por primera vez tras la colocación de un dispositivo tecnológico adaptado. La paciente, llamada Cata, nació con una patología auditiva severa caracterizada por la ausencia de pabellón auricular, lo que motivó un abordaje médico desde sus primeros días de vida.
El proceso de asistencia integral se desarrolló mediante el trabajo articulado entre la Asociación Haciendo Caminos, el Hospital Zonal de Añatuya Monseñor Jorge Gottau y la ONG Cuerpo y Alma. Las instituciones coordinaron los controles médicos iniciales, el soporte de estimulación temprana y las gestiones para una solución de transición técnica.
La vincha de conducción ósea funciona como alternativa transitoria
El equipo de profesionales de la salud dispuso la entrega de una vincha auditiva, un equipamiento que transmite las vibraciones del sonido directamente hacia el oído interno a través de los huesos del cráneo. El momento de la activación del aparato tecnológico quedó registrado en un soporte audiovisual digital que evidenció la respuesta refleja de la menor ante los primeros estímulos externos.
“Estas historias nos confirman que acompañar a cada familia hace posible transformar realidades”, señalaron las autoridades de la organización comunitaria que intervino en el seguimiento del caso. El dispositivo asignado funcionará como soporte terapéutico básico para el desarrollo del lenguaje y la comunicación durante la primera infancia de la paciente.
Coordinan las etapas previas al tratamiento definitivo
Los profesionales médicos a cargo del caso informaron que la utilización de este equipamiento constituye una etapa intermedia en el tratamiento general de la menor. El esquema de salud a largo plazo prevé evaluaciones periódicas en centros de alta complejidad para determinar la factibilidad de intervenciones quirúrgicas de reconstrucción o implantes definitivos.
El acompañamiento interdisciplinario continuará con sesiones semanales de fonoaudiología en el centro asistencial de Añatuya. Estas prácticas resultan fundamentales para que la niña aprenda a decodificar las señales acústicas que recibe y logre un proceso de integración social idóneo junto a su núcleo familiar.






