El mundo del espectáculo quedó envuelto en un escándalo mayúsculo tras la sorpresiva e inesperada acusación pública que recibió Mario Pergolini. La reconocida periodista María Julia Oliván rompió el silencio y relató un repudiable episodio de acoso sexual que habría sufrido hace aproximadamente dos décadas, cuando el conductor estaba al frente de la exitosa productora Cuatro Cabezas.
Tras deslizar el tema en su propio ciclo de streaming, Oliván profundizó su relato en una entrevista en vivo con Yanina Latorre, donde apuntó directamente contra el accionar de su exjefe por un hecho ocurrido a puertas cerradas entre los años 2004 y 2007. Con total crudeza, la comunicadora detalló que la situación no se vincula con la imagen pública o el tono sarcástico que Pergolini mostraba en televisión, sino con una vivencia traumática en el ámbito privado.
“Hice el comentario por una experiencia personal que tuve trabajando en su productora en 2005, en su oficina, una situación bastante desagradable de acoso sexual”, sentenció la periodista. El contexto de extrema vulnerabilidad económica y profesional de aquel entonces jugó un rol clave en su silencio posterior, ya que se encontraban los dos solos en el despacho y ella, con 30 años, estaba endeudada pagando su primer departamento.
El calvario de la periodista no terminó en esa oficina, ya que según su testimonio, poco tiempo después del repudiable episodio, la productora decidió enviarla a cubrir tareas al exterior y, al regresar, fue desvinculada sin ningún tipo de justificación clara. Asimismo, aprovechó el espacio mediático para revelar que Pergolini no fue el único hombre de poder que se sobrepasó con ella, apuntando directamente contra dos figuras de la política de aquellos años: Juanjo Domínguez y Aníbal Fernández.
Sobre los encuentros posteriores con el conductor radial, Oliván remarcó que se cruzaron en un banco y en un programa de televisión, manteniendo un trato distante pero cordial que forzó un silencio implícito entre ambos. “Si nos hacemos los boludos, no nos vamos a saludar nunca”, recordó que le lanzó Pergolini en uno de esos tensos cruces de pasillo, antes de que la verdad saliera a la luz dos décadas después.





