A medida que se profundiza la crisis humanitaria en Cuba, Uruguay se ha transformado en un refugio estratégico para miles de ciudadanos de la isla. De acuerdo con datos de la Dirección Nacional de Migración uruguaya, solo durante 2025 el saldo entre ingresos y egresos de personas de nacionalidad cubana dejó un saldo positivo de 14.961 residentes, mientras que en los primeros siete meses de 2026 la cifra alcanzó los 8.123. El fenómeno ha generado un aumento sostenido en las solicitudes de refugio, las cuales acumularon más de 30.700 trámites pendientes a mitad de año, correspondiendo el 89% de los casos a ciudadanos cubanos.
El cierre de las vías tradicionales hacia Estados Unidos impulsó la consolidación de nuevas rutas migratorias en Sudamérica. Tras el endurecimiento de los controles fronterizos y la exigencia de visados en Nicaragua, la travesía desde Guyana cruzando Brasil hasta Santana do Livramento-Rivera se convirtió en el trayecto más utilizado por las familias. A pesar del elevado costo de vida, los migrantes eligen Uruguay por su estabilidad política y económica, sumado a un sistema estatal que garantiza el acceso a la salud, la educación gratuita y subsidios sociales para sectores vulnerables.
La inserción de la comunidad cubana —estimada en unas 60.000 personas por organizaciones sociales— comenzó a dinamizar la economía local y el mercado laboral. Aunque persisten trabas burocráticas para la revalidación de títulos universitarios y la resolución de estatus de refugio, la presencia de esta población representa una oportunidad estratégica frente al envejecimiento poblacional del país. En localidades del interior como Santa Rosa o en barrios de la capital, los nuevos residentes aportan mano de obra en el sector agroalimentario, el comercio y los servicios, integrándose gradualmente a la sociedad uruguaya.






