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Boca ganó y dejó una pregunta incómoda: ¿somos todos resultadistas en el Superclásico?

21/04/2026

El 1-0 en el Monumental con gol de Paredes abrió más debates que certezas. Entre críticas previas y elogios posteriores, el clásico volvió a desnudar la mirada del hincha.

Boca le ganó 1-0 a River en el Más Monumental con un gol de Leandro Paredes de penal.
Si me preguntás si el resultado estuvo bien, te diría que sí. Fue un partido cerrado, friccionado, donde un gol mínimo encaja perfecto con lo que se vio. Incluso con la forma en la que llegó: una jugada revisada durante varios minutos en el VAR y definida desde los doce pasos antes del cierre del primer tiempo.

Pero más allá del resultado, me corrí del “diario del lunes” que reduce todo a ganar o perder. Preferí mirar un poco más profundo y ahí empezaron a aparecer cosas mucho más interesantes.

Porque entre el folclore, las cargadas y los análisis, me quedó dando vueltas una pregunta:

¿el Superclásico expone a los hinchas resultadistas?

Seamos sinceros.

Horas antes del partido, muchos hinchas de Boca no querían ver a Claudio Úbeda en el banco. Mucho menos en un Superclásico. Era, para varios, un técnico de transición, alguien que no terminaba de convencer.

Del lado de River, algo parecido. Coudet sigue siendo evaluado partido a partido. Ni siquiera una racha positiva termina de blindarlo del todo. El hincha lo observa, lo mide, lo analiza cada fin de semana.

Ahora bien… pasó el partido.

Y el “interino” ganó en el Monumental.
No es un dato menor. Úbeda ya había ganado un Superclásico en la Bombonera en el cierre del ciclo Gallardo. Y ahora repite, otra vez en un contexto exigente. Pero la etiqueta sigue ahí: interino.

 

Entonces la pregunta cae sola:

¿no es momento de empezar a mirarlo de otra manera?

Porque Boca, sin brillar, gana. Compite. Está líder en su grupo de Libertadores y se mantiene en zona de clasificación en el torneo local. ¿Alcanza? Para algunos no. Para otros, es todo.

Ahí aparece el hincha resultadista. El que cambia de opinión según el marcador. El que pasa de la crítica al respaldo en 90 minutos.

Pero ojo, tampoco es todo blanco o negro.

Porque también está el otro hincha. El que quiere ver un equipo que juegue bien, que convenza, que tenga una identidad clara más allá del resultado. Y ese, todavía, no termina de sentirse cómodo.

Y en el medio queda el análisis futbolero.

Porque si vamos al juego, River fue más. Empujó, tuvo la pelota, intentó. Pero no fue contundente. Boca, en cambio, fue cauto, esperó y con dos intervenciones de Paredes generó lo más peligroso: dos situaciones claras para Merentiel, una de ellas derivó en el penal.

¿El resumen?

Simple. Demasiado simple para un partido tan grande.

Pero el fútbol tiene eso. No siempre gana el que más intenta. Gana el que resuelve.

Y Boca resolvió.
Después sí, podemos repartir méritos. Boca defendió bien. River empujó. Pero en el Superclásico eso queda en segundo plano. Porque estos partidos se ganan como sea.

 

Y ahí es donde aparece otra mirada interesante.

Quizás Coudet hubiera querido ganar así.

Quizás Úbeda quisiera tener la paciencia que hoy tiene el técnico de River.

Porque en el fondo, los dos están en evaluación constante. Solo que uno ganó.

Y eso cambia todo.

Este Superclásico dejó algo más que un resultado. Dejó preguntas abiertas. Sobre los técnicos, sobre los equipos… y sobre nosotros como hinchas.

Porque cuando baja la espuma, queda lo importante:

¿qué valoramos realmente?

Pasó otro clásico. Con campeones del mundo en cancha.

Y esta vez, solo uno marcó la diferencia.

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Asistente LV11