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Crisis en Irán: la inestabilidad interna enciende alertas por riesgos nucleares

19/01/2026

La represión del régimen iraní, el endurecimiento del discurso de Estados Unidos y la falta de información sobre el paradero del uranio altamente enriquecido reavivan el temor a una posible proliferación nuclear en un escenario de caos interno.

La escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán, en un contexto de protestas internas duramente reprimidas por el régimen de Teherán, encendió nuevas alarmas en la comunidad internacional. Analistas en seguridad y no proliferación nuclear advierten que la creciente inestabilidad política podría poner en riesgo el control del material nuclear iraní, uno de los puntos más sensibles del actual tablero geopolítico. Aunque en los últimos días el presidente estadounidense Donald Trump habría desistido de lanzar un ataque militar directo, el sábado reclamó públicamente el fin del gobierno del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, tras ser calificado de “criminal” por apoyar a los manifestantes. Jamenei, por su parte, acusó a los opositores internos de provocar miles de muertes, profundizando el clima de confrontación. En paralelo, el movimiento de fuerzas militares estadounidenses volvió a captar la atención internacional: un portaaviones que se encontraba en el mar de China Meridional atravesó Singapur y se dirigió al estrecho de Malaca, una ruta estratégica que podría conducirlo hacia Oriente Medio. El temor por el destino del uranio enriquecido En este escenario, especialistas advierten que el mayor riesgo radica en el posible descontrol del material nuclear iraní. David Albright, exinspector de armas nucleares y fundador del Institute for Science and International Security, señaló que una crisis interna profunda podría hacer que el gobierno “pierda la capacidad de proteger sus activos nucleares”. Irán posee actualmente unas 440,9 kilogramos de uranio enriquecido al 60% de pureza, según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Este nivel lo coloca a un paso técnico del grado armamentístico, que ronda el 90%. La preocupación se intensificó luego de que la agencia de la ONU informara que no ha podido verificar el estado ni la ubicación de ese inventario desde el conflicto armado ocurrido en junio pasado. En noviembre, el OIEA admitió haber perdido la “continuidad de conocimiento” sobre parte del material nuclear iraní en instalaciones afectadas por ataques, una situación que persiste hasta hoy. Un diplomático cercano al organismo confirmó que Irán no brindó información actualizada sobre el paradero del uranio altamente enriquecido. Albright advirtió que estas reservas podrían ser transportadas con relativa facilidad, lo que aumenta el riesgo de robo, desvío o contrabando en un contexto de debilitamiento del control estatal. Riesgo de desvío o uso con fines militares Kelsey Davenport, directora de política de no proliferación de la Asociación de Control de Armas, sostuvo que el material podría ser desviado hacia un programa encubierto o caer en manos de facciones del propio aparato estatal o militar que busquen preservar una opción bélica. También alertó sobre la posibilidad de que actores no estatales accedan a estos recursos si el caos interno se profundiza. Si bien construir un arma nuclear con uranio enriquecido al 60% es técnicamente más complejo y menos eficiente que hacerlo con material al 90%, expertos como Eric Brewer, de la Nuclear Threat Initiative, advierten que la posibilidad no puede descartarse por completo. Un artefacto de ese tipo sería más grande y difícil de transportar, pero podría ser detonado de forma experimental. No obstante, Brewer señaló que gran parte del uranio enriquecido permanecería enterrado en túneles tras los ataques recientes, lo que limitaría su acceso inmediato y reduciría las probabilidades de una acción rápida sin detección. La central nuclear de Bushehr, otro foco de preocupación Otro punto sensible es la central nuclear de Bushehr, la única planta de energía nuclear comercial del país. En caso de desestabilización severa, podría convertirse en blanco de sabotajes o ataques con fines políticos. Aunque el reactor utiliza combustible provisto por Rusia y no uranio iraní, un incidente grave podría tener consecuencias regionales. Según Albright, un accidente de gran magnitud podría provocar una nube radiactiva que, en pocas horas, alcanzaría a países vecinos como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Omán. Por ahora, no hay señales claras de que el régimen iraní haya perdido el control de sus fuerzas de seguridad. Sin embargo, la combinación de represión interna, presión internacional y opacidad nuclear mantiene en alerta a la comunidad global, que observa con creciente preocupación la evolución de la crisis en Irán.
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