En una entrevista profunda en el programa Actualidad Política, el Dr. Juan José Sain abordó dos de las causas judiciales más resonantes de la provincia. El letrado analizó las aristas legales y las posibles irregularidades procesales que rodean tanto al traslado de una menor abusada a Buenos Aires como al avance de la causa que investiga el crimen de un reconocido médico santiagueño.
Irregularidades en el caso de la niña de Monte Quemado
Sain se refirió a la situación de una niña de 12 años, oriunda de Monte Quemado, quien resultó embarazada producto de una violación y fue trasladada a Buenos Aires por una ONG para realizarle una interrupción del embarazo. Según el abogado, el procedimiento se realizó en una clínica de Villa Ballester que fue allanada recientemente.
El letrado planteó serias dudas sobre la legalidad del acto:
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Límites de la Ley: Recordó que la Ley 27.610 autoriza la interrupción hasta la semana 14. Al tratarse presuntamente de un embarazo avanzado, la Justicia investiga si hubo "nacido vivo", lo que podría derivar en una acusación de homicidio.
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Jurisdicción y Consentimiento: Cuestionó la salida de la menor de Santiago del Estero sin intervención del juez competente. "La madre es analfabeta, lo que limita su capacidad de dar un consentimiento informado frente a estructuras complejas como una ONG", señaló Sain.
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Sustracción de menores: El abogado sugirió que la organización involucrada podría haber incurrido en delito al no informar a la fiscalía local sobre el traslado.
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Avances en la Causa Chávez Espinosa
En su rol como defensor del médico José Antonio Chávez Espinosa, Sain reconoció que existen tantas pruebas en contra de su defendido, el cardiólogo José Chávez Espinoza, como también tantas dudas sobre su culpabilidad en el crimen de Daniel Enrique, hermano del acusado.
Como se recordará, el escabroso caso “Chávez Espinoza” sacudió a la opinión pública santiagueña por tratarse de un fratricidio. El médico está imputado por homicidio doblemente calificado por alevosía y ensañamiento, a lo que se habría agregado homicidio por codicia, agravando aún más su situación, dado que la condena, si se lo declarara culpable, sería de prisión perpetua.
Durante la entrevista, entre otras dudas, se argumentan con fuerza las que se desprenderían de la única declaración del imputado sobre un posible ajuste de cuentas —por deudas de dinero— con la participación de supuestos sicarios, a los que habría sindicado como autores del asesinato. Y la duda más llamativa: si el crimen fue por codicia, el monto de la herencia aparecería como poco relevante por los bienes y dinero que estarían involucrados.
El abogado defensor puso en tela de juicio la tercera calificación —homicidio por codicia— que se le imputa ahora al cardiólogo, discrepando con la Fiscalía: “Porque creo que, para aumentar una calificación, no puede existir a tres años de la muerte una codicia ahora que no haya existido desde el principio; la pregunta sería por qué no agravaron de entrada”.
Hipótesis y contextura física
Destacó que, cuando se defiende en la parte penal, se debería trabajar en competencia de varias hipótesis. Para Saín, en este caso resulta bastante difícil, sino imposible de aceptar, que en la comisión del delito haya participado una sola persona. El letrado expuso algunos datos para avalar su hipótesis como, por ejemplo, la diferencia de complexión física entre los hermanos: dado que el occiso medía cerca de un metro noventa y con casi 130 kilos de peso, era entonces de una talla difícil de manejar para su hermano, decididamente más bajo y de menor peso. Cabe recordar que para cargar el cuerpo —aun vivo— de Daniel Enrique, pidió el concurso de un enfermero (hoy desvinculado de la causa) cuando subió a su hermano al vehículo en el que haría su último viaje.
Otra de las dudas estaría dada por la falta del arma homicida. Según la autopsia, el deceso de la víctima habría acaecido por un disparo en la cabeza, aunque la misma pericia forense también determinó que la presencia de humo negro en la tráquea sería indicio seguro de que aún estaba con vida cuando incineraron el cuerpo. Preguntas: ¿Dónde está el arma neumática usada para agredirlo? ¿Por qué no se usó un arma de fuego? ¿Dónde quedó el proyectil del que no hay orificio de salida? ¿Por qué se señala como móvil del crimen la codicia, cuando hoy se sabe que la herencia está lejos de englobar una gran fortuna?
El último viaje
La versión dice que el cardiólogo habría partido con su hermano, indispuesto físicamente, en su auto para llevarlo hasta un sanatorio. Aquel viaje inicial, sin embargo, habría concluido en el Paraje La Victoria, en el departamento Banda, donde aparentemente habrían sido asaltados por sicarios o bien José Chávez Espinoza habría tomado la vida de su propia sangre.
Sin exponer la estrategia de la defensa, Saín insiste en plantear la posibilidad de la participación de más de una persona en los hechos que terminarían en la atroz muerte de Daniel Enrique. Sobre la herencia, el defensor aseguró que “no son tantos los bienes como se decía”. En su criterio, Saín consideró que al agravar la calificativa del homicidio, lo que se estaría buscando sería asegurar la condena a cadena perpetua para el cardiólogo.
Ante la pregunta: ¿Alguien en este crimen estaría quedando afuera porque aún no fue indagado o imputado?, el abogado defensor remarcó que “si una causa penal no cumple el requisito de la completitud, no puede ser juzgada con veracidad”. Regresando al terreno de las dudas que plagan la causa, Saín aseguró que sería por demás llamativo que Chávez Espinoza “haya dejado por sí mismo una prueba por cada acto del camino criminal”. Como ejemplo, sería notorio que esté filmado todo el trayecto, tanto de ida como de vuelta, del auto en el que se trasladaron los hermanos hacia la muerte. También están los bidones con el combustible usado para incinerar el cuerpo del occiso. Llamativamente, no se encontró el arma hasta ahora. Además, están las huellas en el lugar de una persona y el rastro de los neumáticos del Toyota. Pruebas aparentemente sobran; dudas también…
La versión del imputado
En su declaración, José Chávez Espinoza dijo que habrían sido abordados por tres sujetos desconocidos a la altura de su casa en el barrio San Carlos, remarcando que no era a él a quien buscaban los sicarios, sino a su hermano, que en ese trance estaba indispuesto. Es así que los encapuchados habrían deslizado que Daniel Enrique mantenía una deuda millonaria con sus captores del momento. José aseguró en su exposición que fueron estos secuestradores quienes condujeron el auto hasta el Paraje La Victoria para ultimar a su hermano.
Para Saín, sería indudable que en ese entramado siniestro que termina con la muerte de Daniel Enrique existiría un autor intelectual, más allá del material, exponiendo que faltarían además otros involucrados, otros partícipes. Destacó que en el crimen de marras habría otros que se van a beneficiar si es que se condena a José de por vida. Sin embargo, debe quedar en claro que hasta ahora el único imputado es el cardiólogo defendido por Saín.
La pregunta de oro para el doctor Saín: ¿Existen evidencias sobre la existencia de posibles enemigos de Daniel Enrique? Respuesta: “Sí, viene por ahí, según la defensa”.
Finalmente, el letrado criticó la desprolijidad institucional en torno a la preservación de la prueba. "El manejo de residuos patológicos y la custodia de los elementos clave serán ejes fundamentales en el debate", concluyó Sain en el aire de Radio LV11.