El balance anual de la economía argentina presenta una dualidad inédita. Por un lado, el PBI logró revertir dos años de contracciones y se ubicó en un valor nominal aproximado de u$s680.663 millones, marcando un hito en la producción nacional. Este avance estuvo sostenido por un consumo privado robusto (+7,9%) y una recuperación de la inversión (+16,4%), aunque esta última aún no alcanza los picos históricos de la década pasada.
Desde la óptica de los sectores, la intermediación financiera fue el gran motor con un crecimiento del 24,7%, seguida por el agro (+6,2%) y las exportaciones (+7,6%). En contraste, el gasto público se mantuvo prácticamente neutral con una variación de apenas el 0,2%, reflejando la política de austeridad fiscal vigente.
Luces rojas en el último trimestre
A pesar del número final positivo, los datos desagregados del período octubre-diciembre encienden las alarmas en el Palacio de Hacienda. La economía experimentó su segunda desaceleración consecutiva, creciendo solo un 2,1% interanual en el cierre del año. Sectores sensibles para la estructura productiva, como la industria (-5%) y el comercio (-2,2%), finalizaron el 2025 en terreno negativo, lo que sugiere que el impulso del primer semestre se ha agotado.
Los analistas observan con preocupación la medición de "tendencia-ciclo", que arrojó una variación nula (0%). Este indicador técnico advierte que la economía argentina podría haber ingresado en una fase de estancamiento hacia el inicio de este 2026, con un arrastre estadístico complejo para los próximos meses.
La paradoja del crecimiento sin empleo
El dato más inquietante del informe es la desconexión entre la actividad económica y el mercado laboral. Por primera vez en la historia reciente, el producto crece pero el desempleo también aumenta. Los expertos explican este fenómeno por la heterogeneidad de los sectores "ganadores": rubros como las finanzas, el petróleo y la minería son altamente rentables pero poco intensivos en mano de obra.
Mientras tanto, la industria y la construcción, que tradicionalmente motorizan el empleo masivo, no logran repuntar. Esta situación, sumada a la caída del poder adquisitivo que empuja a más personas a buscar trabajo, configura un escenario socialmente delicado. El desafío para el presente año será transformar las cifras macroeconómicas de crecimiento en una mejora real de los indicadores sociales y la creación de empleo genuino.